22 julio 2012

Un golpe de dignidad

Sostiene PereiraSostiene Pereira by Antonio Tabucchi
My rating: 5 of 5 stars

Sostiene Pereira que no hizo nada extraordinario, que sólo empleó su modesto talento profesional para responder a una infamia que, sostiene, nada había hecho para provocar. Era un verano muy caluroso en Lisboa en 1938, y Pereira, sostiene, estaba preocupado por sus problemas cardíacos y de obesidad, y no tenía a nadie con quien hablar de ellos ni de las otras sombras en la vida. A nadie salvo su difunta esposa, con cuyo retrato sí conversaba. A pesar de ser periodista con más de 30 años en el oficio, sostiene Pereira, no quería saber de la guerra en la vecina España o los conflictos en las más lejanas Italia y Alemania, que intuía eran muy desagradables. Como lo era el fanatismo salazarista y pro-fascista que tanto le repugnaba ese verano en su querida Portugal. Así, sostiene Pereira, prefería dedicarse como editor de la página cultural del pequeño vespertino Lisboa a los escritores católicos franceses del s. xix, lejos de todos esos problemas de actualidad. Pero la actualidad de repente se le presentó, en las personas del joven Francesco Monteiro Rossi y su vivaz y lista novia Marta.

La frase repetida, "sostiene Pereira", nos dice que hemos escuchado esta historia del mismo Pereira (cuyo nombre de pila nunca sabremos), pero que no hay que creerle a pies juntillas. No es que sospechamos que Pereira miente; seguramente Pereira, "católico a su manera", considera la mentira un pecado, a no incurrir salvo para evitar otro pecado mayor. Pero hay cosas que Pereira no quiere contar y que podrían ser importantes para entender como un hombre solitario, grueso, algo tímido, y no joven podría tomar una acción atrevida y certera cuando las circunstancias lo empujan al extremo de su tolerancia moral.

Es una gran, breve novela, y un gran ejemplo de un golpe de dignidad en condiciones límites. En una nota después de la historia, Antonio Tabucchi nos cuenta cómo se le ocurría escribirla en 1992-93, de memorias de personas como el ficticio Pereira que sí supieron actuar con la dignidad que le permitían sus medios.

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