25 junio 2012

Rompiendo el capullo mental

Los peces no cierran los ojos Los peces no cierran los ojos by Erri De Luca
My rating: 4 of 5 stars

En esta cándida y sugeriente exploración de la memoria, un hombre que cumple 60 años intenta recuperar sus aspiraciones y acciones en el verano que cumplía 10, esa "meta solemne, por primera vez se escribía la edad con doble cifra". Era 1961, en las playas y los muelles de una isla de Nápoles, donde descubrió la necesidad de mentir que tienen los mayores; como la lógica de las revistas de pasatiempos contrasta con las pasiones de los seres humanos; y muy especialmente, la misteriosa potencia que poseen "las mujeres", representadas en la persona de "una chica del norte" que "pasaba todo el tiempo leyendo libritos policíacos, los mismos que mi abuela devoraba en un día".

"La chica no se parecía a las que salían entre el gentío mixto del colegio. Creaba a su alrededor el efecto contrario, de silencio" que lo maravilla. Y dice del niño solitario y ensoñador que era, "Me daba cuenta de la novedad: estaba prestando atención a una persona de mis años."

A diferencia de él, ella — gracias a sus lecturas sobre los animales — ya sabe de las locuras de los machos que compiten por hembras. Y cuando tres chicos más grandes empiezan a hostigar al niño Erri y hasta le dan una paliza terrible, ella entiende por qué, y urde una sublime venganza — que a Erri lo confunde moralmente, porque él había buscado la paliza para romper el capullo de su cuerpo infantil.

El libro tambien nos cuenta de como era Nápoles en esos años, con las memorias de la guerra y la ocupación de soldados americanos todavía muy frescas, y refiere sin entrar en detalles las muchas otras experiencias de violencia que llegó a conocer, y hasta a buscar, como adulto; De Luca ha sido un revolucionario de combates callejeros y fabriles, y como escritor estuvo en Bosnia durante la guerra.

"No puedo reconocerme en ese niño que no se defiende. ... Aquel niño de diez años queda hoy fuera de mi alcance. Puedo escribir sobre él, no conocerlo."

Pero sí ha podido reconocerlo, y reconocer que en ese verano, con esa chica y un pescador buena gente y hasta un carabinero paternal, y su madre conflictuada entre la Nápoles conocida y una ida a Estados Unidos posible, se le cambió la vida. El capullo que se rompió no era de su cuerpo, sino de su conciencia.


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