27 mayo 2005

El amante lesbiano

Última lectura del Club de Lectura de Carboneras: José Luis Sampedro, El amante lesbiano. Barcelona: Areté (Plaza & Janes), 2000. 253 pp -- una selección sorprendente y candente, erótica, sensual y transgresiva (si así se dice: quiero decir, que viola unos tabúes muy sagrados) .

Un hombre que se ha sentido avergonzado toda la vida por su falta de hombría descubre y libera su más auténticos impulsos eróticos cuando entra un país mágico, "Las Afueras", donde el tiempo no existe y los deseos se hacen realidad. Allí coexisten lugares, objetos y personas que él recuerda de su infancia en los años 1920 con otras que conoció en los 40 y 50. Aparece Farida, una mujer mitad hispana y mitad beréber, que lo había impresionado cuando tenía 13 años, y ella se hace su maestra, después su ama, y (casi) finalmente su amante -- para tornarse en el último momento en algo muchísimo más impactante. Bajo su tutelaje, el hombre descubre que, "Mi sexo es masculino, pero mi género es femenino, atraído hacia las mujeres y, para concluir, sumiso. Así es que resulto lesbiano." (p. 144)

Los detalles sensuales dan una gran vividez al libro, y cuando esos detalles se mueven de lo visual a lo tactil, y el personaje Mario se emociona por la textura de las bragas y medias de seda que se pone para convertirse, no en "lesbiano" sino en lesbiana, con identidad feminina, con su nuevo nombre Miryam, son excitantes a la manera de toda buena pornografía, o los libros eróticos que pretenden a algo más como la famosa Historia de O. En este caso, lo que Sampedro pretende demostrar (creo) es otra modalidad de la libertad que (según me cuentan los amigos más leídos que yo en este autor) ha defendido en muchos otros libros.

De no ser por las informaciones ofrecidas por algunos co-lectores, yo hubiera pensado que semejante erotisimo explícito fuera lo único que Sampedro sabía hacer. Ahora que entiendo un poco del contexto biogáfico y literario de este autor octogenario (búscalo en Google), entiendo este libro como un ejemplo de algo mucho más interesante. Lo sorprendente para mí era con qué interés y aceptación lo recibieran los otros miembros del club de lectura-- algunos se sentían frustrados por la estructura narrativa (no se sabe por cierto cuánto es pura fantasía y cuánto una supuesta realidad, si es sueño o vivencia), pero nadie se ha escandalizado.

20 mayo 2005

El impulso perdido y retomado: Víctor García Acosta

Anoche Víctor García Acosta, otro joven poeta almariense, presentó y leyó sus versos en el Aula de Poesía Levantisca, de la Asociación Cultural Levantisca de Carboneras. Ofreció algunas palabras de apología "pro opera sua", si recuerdo bien lo que me enseñó mi antigua maestra de latín. Nos explicó que lo que aspira escribir es otra cosa, poesía que él llamaría "de comunicación", es decir, que tiene algo de importancia a decir a los otros, y que la poesía que él más valoriza es de un compromiso social, y que rechazaba la imagen del poeta como un ser especial, dotado de inspiración, sino en cambio considera la poesía como otro oficio tal como la carpintería o la albañilería, que tiene que construir algo de utilidad, pero con palabras. En breve, repetía la misma preocupación del también joven poeta almeriense, el premiado Raúl Quinto, de quien hablé en un blog anterior (tendrás que pasar hasta el fondo de aquella página para leer lo de Raúl). Pero, a diferencia de Raúl Quinto, Víctor se considera demasiado joven (nació en 1981, o sea, ayer) y que todavía carece de "la fuerza de las palabras" para escribir semejante poesía. Entonces se disculpaba (innecesariamente) por presentarnos lo que él considera versos demasiado "intimistas". En ellos, por supuesto (esto le pasa mucho a la gente de su edad, y aún a algunos de nosotros los mayores) su gran tema es el amor (y no digo el amor cristiano y caritativo a cualquier prójimo, sino el deseo y la pasión hacia alguna persona muy, muy anatómicamente específica).

También fue grato ver ahí entre los levantiscos (yo también me siento algo levantisco en ese local) a otro poeta, tan jóven como Víctor y también de Agua Dulce en Almería, Ricardo Teva. Parece que hay toda una camada aquí de poetas tan comprometidos con su artesanía verbal como con la expresión de una verdad accesible.

Me impresionó una anecdota que nos contó Víctor, porque rozaba demasiado la reciente desgracia nuestra -- el robo en Atocha -- que conté hace algunos días. Tal como nosotros, fue despojado de una mochila (en su caso, en Málaga) que tenía obras suyas únicas e irremplazables. El ladrón se habrá sorprendido a encontrar cuatro libros de poesía y también, para mayor desgracia de Víctor y perplejidad para el ladrón, el diskette con la copia de seguridad! Eso pasó hace un par de años, dijo, y le afectó tan profundamente que no volvía a escribir por varios meses. Por suerte de todos nosotros, retomó el impulso.

Y aquí hay una pequeña muestra de este poeta prometedor:
Las cavernas de la angustia
A Paul Éluard

Prefiero la mortaja de la noche sobre el mar
Cuando busco una calle sin salida
En el solitario paseo de la conciencia.

Pero saliste ya de aquí con el amor
Y la poesía escondida sigilosamente
En el desnudo de tus pies enmudecidos.

Recuerdo cuando me acogiste sin reserva
En el cálido salón de tu pupila
Despúés del primer beso.

Sueño con vivir en este laberinto
Persiguiendo a la niebla que te imagina
Para mis ojos a lo lejos a donde
Jamás querría volverme a acercar.

A veces vence al dolor el espejismo y me arrastro
Y desciendo por ese corredor de la muerte
Mientras se va dibujando en tu cara
La vieja cara del suicidio.

18 mayo 2005

El escribir : ¿Solitario o solidario?

"Intento comprender en su raíz los mecanismos que llevan a elegir un oficio tan solitario como la escritura," dijo Tobias Wolff sobre su nueva novela-memoria La Vieja Escuela, en la entrevista que le hicieron para Babelia en El País de sábado, 8 de mayo. Y yo me puse a pensar, ¿es realmente solitario, el oficio de la escritura?

Para mí, en este momento de mi vida, es todo lo contrario. Solitario está el escritor, pero no la escritura. Escribir es precisamente la manera, el proceso, la lucha con que rompe su soledad. Leer y escribir es entrar en diálogo con otros escritores y lectores. Ese diálogo no necesariamente limítese a las conversaciones imaginadas, si tenemos la suerte de poder compartir con otros que se interesan en esas ideas y lecturas, como tenemos aquí en nuestro Club de Lectura de la Biblioteca de Carboneras. Pero aún en su falta, las conversaciones que tenemos en nuestras imaginaciones con los autores cuando leemos, o las que tenemos con los lectores que imaginamos cuando escribimos, nos conecta con las grandes corrientes narrativas de la humanidad.

Yo diría que, más que solitario, la escritura es un oficio solidario, quizás el más solidario que hay. El escribir es un esfuerzo por alcanzar a otra gente, tocar sus imaginaciones y entrarlas. Es una de las mejores maneras que conozco -- junto con la música y otras artes -- para superar la soledad profunda que muchas veces sentimos. Y de por sí el escribir (como el pintar o bailar o cantar) es una demostración de una inmensa fe de que nuestras preocupaciones, ansiedades o deleites puedan ser compartidas.

16 mayo 2005

Las cosas perdidas

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer.
Hay veces en que los recuerdos de las cosas perdidas me asaltan y se arremolinan en un espiral que me arrastra hacia el abismo. La juventud, las ilusiones, las amistades, las oportunidades no aprovechadas -- el torbellino succiona todos los remordimientos, componiendo una masa tan densa que no me deja ver otra cosa. Como los recursos que todavía tengo, por ejemplo, o la pequeñez de mis quejas frente a las necesidades de la mayor parte de la gente de nuestro pequeño planeta.

Sé que es un error contraproducente para mis propios intereses y una autoindulgencia absurda dejarme caer en semejante bajón. Pero en esta oportunidad la provocación ha sido grande. Me robaron en la estación de Atocha (Madrid) una mochila con dos ordenadores con datos que representan meses de trabajo dificilmente reconstruible. Ha sido, desde mi punto de vista egoista, y más que egoista, compartida (porque uno de los oordenadores era de mi mujer, con un enorme trabajo de ella encima), una pérdida importante.

Me había estacionado con nuestras dos valijas y dos mochilas frente a un estanco en Cercanías, de donde tomaríamos el tren para Almería. Susana había ido para buscar alguna comida para llevar. Eran las 7,30 de la mañana, sábado, 30 de abril, el principio de un "puente" de 4 días feriados, y con mucho movimiento en la estación. Habíamos llegado a Barajas sobre las 3,30, sin dormir casi en el vuelo desde Nueva York, y yo posiblemente no estaba cien por cien espabilado cuando un hombre chocó con fuerza contra mi cuerpo, yt se estrelló contra el piso. Me parecía extraño, porque yo no estaba en el mdio del camino. Voy para ayudarlo, pero se incorpora rápidamente y gisticula que no necesita ayuda y va caminando rápido para perderse entre el gentío. Un hombre de unos 60 años, pensaba, pelo blanco, chaqueta marrón claro, "complexión fuerte" -- como diría más tarde a la policía. No pronunció palabra, así que no tengo idea si era, como me insinuó un guarda de la estación, cubano. La cosa es que, cuando di la vueta, vi que faltaba una de las mochilas -- la más importante, con nuestros ordenadores y otras cosas de menos importancia.

Pero hay que pensar en lo otro, los recursos que uno tiene aún. El amor -- herido por el golpe del robo (porque era yo el custodio del equipaje) pero todavía sólido; un bloc y bolígrafo y espacio para usarlos; esta connexión al Internet en la biblioteca pública de Carboneras, para compartir mi historia; múltiples círculos de amistades, aquí (en España) y en otras partes, que me ayuda a sobrellevarme a este pequeño revés. Y si no tengo la juventud de antaño, si tengo más que la fuerza física necesaria para hacer lo que tengo que hacer y una astucia crecida con los años (aunque a veces hasta los astutos nos quedamos un poco dormidos). Así que, a diferencia de nuestro querido Rubén Darío, no lloro ni quiero llorar.

Rubén Darío, Canción de otoño en primavera

12 mayo 2005

Lectura: Salvador Compán

Salvador Compán, Cuaderno de viaje. Planeta, 2000. 287 páginas (el más reciente libro del Club de Lectura de la Biblioteca de Carboneras)

En España en 1874, un joven escritor idealista viaja desde Madrid al remoto y rústico pueblo de Aroca, cerca de Cazorla en Jaén, para escribir las memorias falsas para un pariente rico y corrupto. Para salvar su consciencia, se propone escribir en secreto una novela que contará la verdad, pero los dos proyectos se sabotean mutuamente y al final nos deja sólo este cuaderno de notas sobre la tenebrosa y vergonzosa historia familiar. Es una saga de extrema violencia y expoliación de parte de unos hombres sin ley, Saturio Seisdedos y su hijo Elías -- "los Saturios" -- que acumulan la riqueza familiar; de la continua humillación de Cándido Espejo, el que quiere borrar su verdadera vida a través de las memorias falsas, por parte del hijo de Elías, el refinado y arrogante Rafael Seisdedos; y finalmente de la autodestrucción de Rafael, a cause de su obsesión con una joven y hermosa puta.

Hay algunos misterios que se aclaran, y uno que no-- ¿quién mató cual cerdos de leche a los dos Saturios? El autor contextualiza su historia tras repetidas referencias a las luchas nacionales entre el liberalismo y el autoritarismo, entre la guerrilla contra la ocupación francesa (en que participan los Saturios) hasta la disolución de la primera República en 1874, y con el contraste entre la brutalidad del despotismo rural con el aburguesamiento y relativa sofisticación de las urbes (hay escenas en Madrid, Jaén y Úbeda). Nos presenta algunos personajes memorables, especialmente los monstruosos "Saturios" y, al otro extremo, la innocente y tierna puta Ana Barcena.

Lo que no vunciona bien es la estructura de la novela, que es más un ensamblaje de piezas dispares que un todo coherente. Hay pequeños episodios que no van a ninguna parte y tampoco apoyan las otras piezas de una manera evidente (la muerte de una mula de la diligencia que va para Aroca, las ilusiones amorsas del narrador con diversas mujeres que apenas conoce, las declaraciones furibundas del sacerdote rufián e hijo bastardo de Elías Seisdedos, etc.) y muchas conversaciones y reflexiones que tampoco avanzan la historia.

Fue por esta razón, creo que varios lectores de nuestro club abandonaron el libro antes de llegar a su parte más intensa, que viene como una sorpresa hacia el final: el amor de Rafael Seisdedos por Ana Bárcena -- si se puede llamar "amor" a una obsesión que no permite ninguna autonomía de parte de su objeto. Es tan impactante este episodio que casi borra de la memoria del lector, como se borra de la novela misma, al instigador original del viaje del escritor, Cándido Espejo.

Total que el aspecto más interesante es la ilustración de un esfuerzo por escribir la historia como falsedad y la ficción como historia real.

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