20 mayo 2005

El impulso perdido y retomado: Víctor García Acosta

Anoche Víctor García Acosta, otro joven poeta almariense, presentó y leyó sus versos en el Aula de Poesía Levantisca, de la Asociación Cultural Levantisca de Carboneras. Ofreció algunas palabras de apología "pro opera sua", si recuerdo bien lo que me enseñó mi antigua maestra de latín. Nos explicó que lo que aspira escribir es otra cosa, poesía que él llamaría "de comunicación", es decir, que tiene algo de importancia a decir a los otros, y que la poesía que él más valoriza es de un compromiso social, y que rechazaba la imagen del poeta como un ser especial, dotado de inspiración, sino en cambio considera la poesía como otro oficio tal como la carpintería o la albañilería, que tiene que construir algo de utilidad, pero con palabras. En breve, repetía la misma preocupación del también joven poeta almeriense, el premiado Raúl Quinto, de quien hablé en un blog anterior (tendrás que pasar hasta el fondo de aquella página para leer lo de Raúl). Pero, a diferencia de Raúl Quinto, Víctor se considera demasiado joven (nació en 1981, o sea, ayer) y que todavía carece de "la fuerza de las palabras" para escribir semejante poesía. Entonces se disculpaba (innecesariamente) por presentarnos lo que él considera versos demasiado "intimistas". En ellos, por supuesto (esto le pasa mucho a la gente de su edad, y aún a algunos de nosotros los mayores) su gran tema es el amor (y no digo el amor cristiano y caritativo a cualquier prójimo, sino el deseo y la pasión hacia alguna persona muy, muy anatómicamente específica).

También fue grato ver ahí entre los levantiscos (yo también me siento algo levantisco en ese local) a otro poeta, tan jóven como Víctor y también de Agua Dulce en Almería, Ricardo Teva. Parece que hay toda una camada aquí de poetas tan comprometidos con su artesanía verbal como con la expresión de una verdad accesible.

Me impresionó una anecdota que nos contó Víctor, porque rozaba demasiado la reciente desgracia nuestra -- el robo en Atocha -- que conté hace algunos días. Tal como nosotros, fue despojado de una mochila (en su caso, en Málaga) que tenía obras suyas únicas e irremplazables. El ladrón se habrá sorprendido a encontrar cuatro libros de poesía y también, para mayor desgracia de Víctor y perplejidad para el ladrón, el diskette con la copia de seguridad! Eso pasó hace un par de años, dijo, y le afectó tan profundamente que no volvía a escribir por varios meses. Por suerte de todos nosotros, retomó el impulso.

Y aquí hay una pequeña muestra de este poeta prometedor:
Las cavernas de la angustia
A Paul Éluard

Prefiero la mortaja de la noche sobre el mar
Cuando busco una calle sin salida
En el solitario paseo de la conciencia.

Pero saliste ya de aquí con el amor
Y la poesía escondida sigilosamente
En el desnudo de tus pies enmudecidos.

Recuerdo cuando me acogiste sin reserva
En el cálido salón de tu pupila
Despúés del primer beso.

Sueño con vivir en este laberinto
Persiguiendo a la niebla que te imagina
Para mis ojos a lo lejos a donde
Jamás querría volverme a acercar.

A veces vence al dolor el espejismo y me arrastro
Y desciendo por ese corredor de la muerte
Mientras se va dibujando en tu cara
La vieja cara del suicidio.

1 comentario:

Diego J. dijo...

Ciertamente es bueno...

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