18 mayo 2005

El escribir : ¿Solitario o solidario?

"Intento comprender en su raíz los mecanismos que llevan a elegir un oficio tan solitario como la escritura," dijo Tobias Wolff sobre su nueva novela-memoria La Vieja Escuela, en la entrevista que le hicieron para Babelia en El País de sábado, 8 de mayo. Y yo me puse a pensar, ¿es realmente solitario, el oficio de la escritura?

Para mí, en este momento de mi vida, es todo lo contrario. Solitario está el escritor, pero no la escritura. Escribir es precisamente la manera, el proceso, la lucha con que rompe su soledad. Leer y escribir es entrar en diálogo con otros escritores y lectores. Ese diálogo no necesariamente limítese a las conversaciones imaginadas, si tenemos la suerte de poder compartir con otros que se interesan en esas ideas y lecturas, como tenemos aquí en nuestro Club de Lectura de la Biblioteca de Carboneras. Pero aún en su falta, las conversaciones que tenemos en nuestras imaginaciones con los autores cuando leemos, o las que tenemos con los lectores que imaginamos cuando escribimos, nos conecta con las grandes corrientes narrativas de la humanidad.

Yo diría que, más que solitario, la escritura es un oficio solidario, quizás el más solidario que hay. El escribir es un esfuerzo por alcanzar a otra gente, tocar sus imaginaciones y entrarlas. Es una de las mejores maneras que conozco -- junto con la música y otras artes -- para superar la soledad profunda que muchas veces sentimos. Y de por sí el escribir (como el pintar o bailar o cantar) es una demostración de una inmensa fe de que nuestras preocupaciones, ansiedades o deleites puedan ser compartidas.

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