07 marzo 2005

Gladys Marín

La conocí en 1974 o 75, en Chicago. Muy impresionante, por su pasión, claridad y coraje. Desde el exilio, estaba haciendo todo lo posible para apoyar a los comunistas todavía en Chile, y a todos que resistían la sangrienta dictadura. Cuando llegó a Chicago para concientizar y recaudar fondos, yo era uno de los voluntarios para ser su guardaespaldas. Yo había sido uno de los organizadores de una comisión de investigación en Chile, de las torturas, desapariciones y asesinatos por Pinochet y compañía. Sabíamos que el régimen de Pinochet sería muy capaz de tratar de asesinarla. Nosotros -- cuatro o seis hombres, no recuerdo exactamente -- no teníamos armas ni entrenamiento para semejante tarea, pero haríamos todo lo posible para interponernos entre ella y los asesinos. No hubo asalto, afortunadamente, así que no llegamos a saber si de algo hubiéramos servido, pero ella estaba muy agradecida por nuestra voluntad y protección por lo menos simbólica cuando, en pequeña caravana, la trajimos del aeropuerto O'Hare -- yo y un compañero en un coche delante, después otro coche con ella, después otro coche en la cola. Aquí hay un bonito tributo: Se fue la "Pasionaria chilena"

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