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18 abril 2014

Recuerdos ajenos pero reconocibles

Estaciones de pasoEstaciones de paso by Almudena Grandes
My rating: 5 of 5 stars

Cinco relatos llenos del lenguaje, la vida y las confusiones de todo adolescente. La colección comienza con el relato más corto, "Demostración de la existencia de Dios", donde el quinceañero Rafa, rabioso, en jerga juvenil madrileña insulta a un Dios en quien solía no creer, por lo mal que está pasando su equipo, el Vallecas F.C. Pero la risa del lector se disuelve en otra emoción más grave tan pronto sabemos la verdadera razón por qué este chico necesita culpar a Dios por un desastre familiar demasiado grave para él soportar.

En "Tabaco y negro", es una chica, también madrileña, hija y nieta de sastres de trajes de luces para toreros, que nos cuenta sus luchas por superar la mezquinidad de su entorno y afirmarse como una persona con autoridad y capacidad para dar fuerza a otros. Es muy hermoso el cuento, e inesperado el final.

Es la voz de un hombre ya maduro que narra "El capitán de la fila india", recordando su adolescencia entre primos mientras asiste a una disputa sobre la herencia de una tía recien difunta. El primo mayor que más le había impresionado, y una prima a quien apenas había prestado atención, se han transformado, ella para mejor y él no tanto, y esto lleva al narrador a reflexionar sobre los extraños giros que han dado sus vidas. Se puede leer como una reflexión sobre los cambios sociopolíticos en España desde los primeros años de la Transición (es decir, después de la muerte de Franco) — perspicaz e inteligente, pero carece de la energía y comicidad de los otros cuentos.

En "Receta de verano" escuchamos la voz de una chica que, llegando a los 18 años, descubre simultáneamente el deseo erótico y lo complicado que pueden ser las relaciones entre ellas y ellos — a través de encuentros con hombres (incluyendo a su padre, incapacitado, a quien tiene que cambiar los pañales) y con chicos de su edad. Para mí, presenta magistralmente las confusiones y dudas de esta "estación de paso" de una joven.

Pero mi favorito es el último relato, "Mozart, Brahms, y Corelli", donde Tomás, un chico de 17 años, gordo, feo, y con gafas, tímido pero muy buen estudiante de violín, descubre cómo su pasión musical le puede ayudar a superar su timidez. Es también una bonita historia, observada por este chico, de algunas de las mujeres caribeñas y sudamericanas que trabajan como prostitutas en la Casa del Campo, y que son parte de la educación del joven violinista.

Creo que todos que alguna vez fuimos adolescentes podemos reconocernos, con nuestras dudas y confusiones y deseos de esa "estación de paso", en uno o más de estos relatos.

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07 septiembre 2011

¡Castigados!


Arriba del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación vive una cuadrilla bravía que vigila la urbe y, de noche, toma vuelo para planear sobre ella, saltar y bailar como todo ser alado digno de su condición y orgulloso de su vitalidad. Eso sí — para que los bípedos terrícolas no nos asustemos notando su ausencia de su morada diurna, siempre dejan un simulacro, una especie de sombra tridimensional de los caballos,la potente mujer alada, las doncellas y guerreros que los acompañan.

Y así han hecho desde que a fines del s.XIX el escultor los indujo a posarse allí, arriba del ahora renombrado Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino, de donde podrían, si quisieran, ver el follaje del Real Jardín Botánico y han podido observar la transformación del antiguo Hospital General en el nuevo (desde 1986) Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Pero la verdad es que pasan casi todo el día, todos los días, mirando en otro sentido, a los grandes y brutales grifos con inmensas alas y sonrisas malévolas que aguardan arriba de la Estación de Trenes Atocha y que no son amigos de ellos. La verdad es que dichos grifos son más traviesos que malos, pero a través de los decenios han gastado algunas bromas a expensas de los primeros. Porque los grifos también han aprendido el truco de dejar una mera sombra de sí mismos en su lugar, para salir a jugar. Y cuando se han encontrado en el aire de la noche con los del Ministerio de Agricultura, ha habido veces en que aposta asustaban a los caballos y los hacían perder momentáneamente el equilibrio, cosa que deja muy molesta a la educada dama alada que lidera el grupo.

Esas son historias que todos los que frecuentamos Madrid y los alrededores de Atocha sabemos, pero de ello poco hablamos para que los visitantes nos nos tomen por locos. En todas las grandes ciudades construidas por arquitectos y artesanos en los tiempos de magia, las esculturas juguetonas salen a hacer sus fechorías y sus bromas de noche. La particularidad de las figuras del Ministerio de Agricultura es que siempre se han portado de manera muy educada, digna y discreta, como corresponde a españoles y españolas del fin del siglo xix. Mientras los grifos pertenecen a otra mitología, otra magia más libre y vulgar.

Imagen captada por teléfono móvil 10-9-2011
¡Entonces imagínense nuestra sorpresa al ver que son los buenos, los del Ministerio de Agricultura y no los grifos traviesos, los que están castigados! Llegamos a Madrid ayer y los vimos, a la reina alada y su séquito, todos enjaulados, dentro de un enorme andamiaje arriba del Ministerio. Y, en cambio, los grifos siguen igual, con sus sonrisas malévolas, tan panchos. Investigando (tenemos nuestras fuentes), hemos descubierto el origen de semejante injusticia.

Empezó una de esas noches de turbulencia, con una de las muchas grandes asambleas de protesta (contra la visita del papa, contra los cortes del presupuesto para la educación, contra la reforma sin consulta de la constitución, contra lo que sea que indigna a los indignados). Fue una con encontronazos entre los enérgicos manifestantes y la aburrida y cansada policía de Madrid. Resulta que unos personeros del Gobierno de Esperanza o de Gallardón, o tal vez de ambos (tenemos nuestras fuentes pero no son del todo fidedignas) se asomaron y algunos seres no identificados pero voladores, bueno, OVNIs se podría decir, bajaron en picado para darles un enorme susto.

Nosotros estamos convencidos que fueron no los de Agricultura, sino los grifos de Atocha. Porque conocemos su historia. No es que simpatizan especialmente con las causas de los manifestantes, sino que les encanta gastar bromas y les gusta la gente que les parece traviesa como ellos. O sea, estarían del lado de los jóvenes manifestantes y no de la policía, sólo por ser rebeldes.

Pero de alguna manera dejaron impresa una huella que parecía ser de herradura en el pavimento de la Plaza del Sol, y así han despistado a las autoridades. Semejante OVNI, o en este caso bestia mítica voladora que dejara semejante huella, hizo culpar al grupo inocente. Y ahora los tienen enjaulados, los pobres. ¡Así es que fastidian los grifos de Atocha, y hacen sufrir a las almas de Dios que aguardan arriba del Ministerio! Otra injusticia más en la larga historia de injusticias españolas. 

Los grifos se ríen.

Para mejor imagen de las figuras en el Ministerio de Cultura, ve esta foto por Ángel Carro Gigosos.

20 julio 2009

Madrid en los 1890s

Además de urbanismo y arquitectura, seguimos interesados en la literatura. Y acabamos de leer esta novela clásica sobre la Madrid de los 1890s: Benito Pérez Galdos, Misericordia (1897). (Pincha el enlace para ver nuestro breve resumen.)

El retrato de Pérez Galdós es de Joaquín Sorolla, actualmente incluido en la magnífica exposición en el Museo del Prado.

18 mayo 2009

Todo teatro en la gran urbe

Madrid es siempre teatro, como toda gran urbe con ciudadanos orgullosos. Uno se viste para ser visto, cada uno considerando a todos los otros en la calle como su público. Y durante la fiesta de San Isidro, Madrid es más teatral aún, con performances diversos que logran detener la atención de mucha gente por 10, 20, o más minutos o hasta por 2 horas y media, como hizo Joan Manuel Serrat en el concierto que vimos en el Teatro Circo Price el viernes, o la corrida de rejones (muy buenos toreros, especialmente Pablo Hermoso de Mendoza, pero muy pobres toros) en la Plaza de Las Ventas ayer. Todo merece más comentario de lo que puedo poner ahora, por falta de tiempo para pensar y escribir a la altura de las presentaciones. Pero no puedo no mencionar una obra especialmente encantadora, para un público de 30 a 50 personas a la vez (y no miles, como en Las Ventas o el Circo Price), el Trío en mi bemol de Eric Rohmer, en la versión montada y dirigida por nuestro amigo Antonio Rodríguez Menéndez, con dos estupendos actores muy jóvenes. Ve las notas en El Mundo y esta otra que me gustó mucho en El País.

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Geoffrey Fox's short story collection Welcome to My Contri (1988, enlarged e-book 2010) was described by The New York Times Book Review as a "short and impressive work" in which "Mr. Fox [...] has created a memorable set of players who, while not natural antagonists (they often share the same dreams and goals), are still somehow bent on confrontation. Watching their sometimes vicious, often darkly humorous interactions leaves us thoroughly wrung out and aware that we are in the presence of a formidable new writer". Novels: A Gift for the Sultan (2010), Rabble! (2022) His articles, op-eds and book reviews have appeared in The Nation, The New York Times, the Village Voice and other publications. Since 2008, Fox has been living with his partner, architect Susana Torre, on the edge of the Mediterranean in the village of Carboneras in Andalusia, Spain, where his short stories (in Spanish) under the pen name "Baltasar Lotroyo" ("el otro yo" = alter ego in Spanish) have appeared in anthologies and online publications.