17 abril 2012

Ser español no es nada fácil

Nuestro amigo Tomás Martínez nos ha permitido reproducir esta interesante reflexión que escribió para la web argentina Desde Boedo. Creemos que será de interés para todos nuestros amigos españoles y argentinos en estos momentos de tensión.

Ser español no es nada fácil.
Creíamos que después de muchos años de carencias, luchas y trabajo bien hecho, habíamos logrado dejar atrás un pasado que a toda prisa queríamos olvidar para siempre. Ahora ya no éramos ese pueblo sacrificado que durante siglos tuvo que buscar el pan y la libertad emigrando a países donde encontrar un futuro que España nos negaba. Ahora, por fin, habíamos conseguido prosperidad y democracia para nosotros y para los que no eran en sus tierras tan afortunados como los españoles.
Hemos vivido con la seguridad de que nuestras conquistas económicas, sociales y políticas eran sólidas e irreversibles. Lo habíamos deseado tanto, que nada nos hacía pensar que todo o parte fuera un espejismo, que tal vez pudiera peligrar como un castillo de naipes. Estábamos en la cresta de la ola y sabíamos manejar la situación. Con un narcisismo al que no estábamos acostumbrados, nos sentíamos la envidia del mundo, los protagonistas de una superproducción de Hollywood.
De pronto comenzaron a escucharse trompetas que  anunciaban crisis en la primera potencia mundial, en sus gigantes económicos, en su sistema financiero. Pero, ¿qué podía pasarnos a nosotros? Evidentemente nada. Teníamos una posición segura, a salvo de cualquier peligro. Nada que temer: Nuestros Bancos eran los más sólidos, nuestras precauciones financieras habían sido las mejores, los riesgos eran para otros menos listos.
Y, poco a poco, fuimos sintiendo algunos síntomas de enfermedad: las entidades bancarias nos habían vendido humo camuflado de valores incuestionables; el sector de la construcción se tambaleaba, después de haber sido el motor de la economía, implicando, de cerca o de lejos, a toda la población; el desempleo inició un  crecimiento imparable hasta cifras millonarias; las empresas comerciales, industriales, de servicios y sobre todo las relacionadas con la construcción entraron en crisis, con abundantes cierres. ¡Hasta el turismo tenía un descenso más que preocupante! Nos frotábamos los ojos. A nosotros no podía pasarnos eso. Era un mal sueño.
De repente empezamos a sospechar que la realidad era algo, bastante, demasiado diferente a lo que nos habían hecho creer, de lo que nos habíamos dejado hacer creer, de lo que habíamos querido creer. De pronto supimos que, una vez más, nos tocaba “bailar con la más fea”, nos correspondía, como siempre, asumir las culpas de otros... de los de siempre, de los que toda la vida habían decidido cómo, cuándo y cuanto teníamos que pagar por nuestra ingenuidad.
Enseguida “empezamos a ver claro”: La culpa era del gobierno que, contradiciendo lo que había prometido, lo que nos había hecho esperar de él, comenzó a cargar todo el peso sobre las espaldas de los más desprotegidos. También “aprendimos” que los mercados, los sacrosantos mercados, nos castigaban por nuestros excesos como dilapidadores compulsivos.  
Todo tiene solución, pensamos: Se cambia  democráticamente el gobierno, vienen “los otros”, los que dicen que ellos tienen el secreto de lo que hay que hacer, que son totalmente confiables, que con ellos acabarán nuestros sufrimientos... Y ya está todo en orden, se acabará el desempleo, los mercados nos aplaudirán, volverá la tranquilidad y la dicha.
Llegaron. Así lo quisieron las urnas. Sabían lo que querían hacer. Este pueblo ha empezado a saberlo. A conocer el duro porvenir que le espera. Promesas para conseguir el poder y después de conseguido, nada de lo prometido.
¿Qué piensan ahora los españoles de forma mayoritaria? La valoración del presente tiene cada vez tonos más oscuros. Veamos:                                        
Los Presupuestos del Estado ahora presentados están hechos al dictado de la Unión Europea manejada por Alemania y el FMI y tienen como supremo objetivo la reducción del déficit de forma salvaje y sin espacio para el crecimiento económico y las políticas de empleo. Son un suicidio presupuestario, con recortes en todos los conceptos primordiales. Se salva la Monarquía, con un mínimo, ridículo recorte y la Iglesia Católica, que tiene íntegras las partidas que recibe e intactas las exenciones y demás ventajas fiscales.                                                                                                     
Se está desmontando a toda prisa el Estado del Bienestar. Los recortes en sanidad y educación, en dependencia y desempleo, en pensiones y becas, van a dañar irreparablemente los logros conseguidos después de tantos años de lucha.                                                                                          
La reforma laboral de nuevo cuño acabará con la paz social que hemos disfrutado porque abre la puerta al despido libre, a las indemnizaciones insuficientes, a la pérdida de equidad en las relaciones laborales, a las nulas garantías para el trabajador.                                                            
Todo hace temer que la injusticia fiscal se profundice, se protejan los intereses de los más privilegiados y no se persiga eficazmente el fraude. Se ha anunciado una amnistía fiscal impresentable, vergonzosa, que premia a los defraudadores y deja en ridículo a los que han aportado de forma automática, con forzada garantía de legalidad.
La desesperanza, la incertidumbre y también el terror están calando hondo en los españoles, que han dejado de creer en sus instituciones y en sus dirigentes. La indignación crece, pero un cierto sentimiento de resignación paraliza la acción y por el momento no se está articulando debidamente el legítimo rechazo a esta política tan sumisa con los poderes fácticos y tan implacable con los menos afortunados. 
Ante la complicidad y el mal hacer de los medios de comunicación, la inoperancia de la justicia, ciega con la corrupción, sorda ante las legítimas demandas de reparación de la memoria y muda cuando debería impartir su magisterio, no es de extrañar que este pueblo vuelva a sentirse rehén de los dejaron su destino “atado y bien atado*”  
¡Que difícil es ser español!                      
* Franco dijo: “Todo queda atado y bien atado” (como recuerdan muchos españoles hasta hoy)

2 comentarios:

Dirk van Nouhuys dijo...

Deprimente

Tonto bajo la lluvia dijo...

Muy cierto. Conozco esta historia por haberla vivido en carne propia en mi país, Argentina. Ahora vivo en España y la estoy reviviendo.
Bendita sea internet que permite leer la otra cara de la moneda.
Un abrazo.

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