23 abril 2012

El dios salvaje — el instinto no domado

PanPan by Knut Hamsun
My rating: 3 of 5 stars

No se trata del pan de comer, sino de Pan, el dios salvaje de los bosques, encarnado en el salvaje pero inmensamente atractivo (a las mujeres) teniente Glahn, en esta corta novela de 1894. La primera y más extensa parte de la novela la cuenta el mismo Thomas Glahn, experto tirador de escopeta y gran amante de la naturaleza, que recuerda los muchos animales y las dos mujeres que cazó un verano en el norte de Noruega. Inmensamente sensible a la belleza del paisaje, a los sonidos y colores y movimientos de los animales, y hasta a la rocas del entorno, Glahn es completamente insensible a sus propios móviles, moviéndose por un instinto ciego que lo lleva a desmanes a veces absurdos y otras veces mortales. Entre aquellos, arrojar un zapato de la mujer que quiere impresionar al agua, o escupirle en el oído de un noble; entre éstas, provocar una avalancha mortal y asesinar al único ser que lo quiere sin cuestionarlo, su propio perro. Él no se conoce a sí mismo, pero por lo que nos cuenta de las reacciones de otras personas, tenemos la idea de que es una persona muy rara e impredecible. Sólo en las últimas páginas de la novela, cuando escribe otra persona que lo conoce en una expedición de caza en la India, podemos tener una idea de cómo es Glahn físicamente, y cómo y por qué otro hombre podría odiarlo. Lo mejor de esta extraña novela son las descripciones de lugares y de la naturaleza, que es otro personaje más.

Hamsun (1859-1952) recibió el Premio Nobel de Literatura en 1920, por esta y otras obras. Luego cayó en desgracia por su entusiasta apoyo al gobierno de Vidkun Quisling, colaboracionista con los invasores nazis, en los años 1940, cuando él ya tenía más de 80 años. Pero creo que sería un error leer en esta temprana novela un claro anticipo de ese tardío nazismo. Las ideas panteistas y la adoración de los espíritus de la naturaleza estaban muy de moda cuando escribió Pan y después (Nietzsche, D.H. Lawrence y muchos otros), y no tenían porque terminar en semejante desvarío. Leamos el libro por lo que representaba en su momento, y no por lo que hizo su autor en su vejez.

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