09 octubre 2006

Poemas de Teresa Gómez

La poesía de esta granadina ha sido muy premiada, pero no es siempre fácil de encontrar. Así que le pedí algunas muestras, y me contesta,

"Querido amigo, te envío unas pequeñas plaquettes que publiqué con algunos poemas. Ambas están agotadas, por eso no podré regalarte un ejemplar, pero me apetece que las tengas aunque sea en formato electrónico. Un saludo."

A continuación, la primera "plaquette".

SUBASTA EN MI VENTANA

Teresa Gómez
(Puebla de D. Fadrique, 1960)

Licenciada en Filología Hispánica y Psicopedagogía. Ejerce de maestra dedicada a niños con Necesidades Educativas Especiales. Así vaga cada día desde la concepción más primaria de los misterios de la palabra que se resiste a aquella otra en que la palabra vuela y es capaz de alcanzar formas y contenidos insólitos. Subasta en mi ventana es su primer poemario publicado.


VARIACIONES SOBRE UN TEMA INESPERADO

-I-

Eran las condiciones –me dije con los años-
las que hubieran podido,
pese a tu voz,
abrir de tanto sueño
una ventana que abocara al mar.

Tu piel no fue el timón sino tu boca
una canción de cuna por los años perdidos
y el latido de un tiempo que no me pertenece
bajo un tropel de enigmas morenos
despeinados.

No sé como he llegado hasta tu lengua.

Para que yo la hiciera mi cómplice
en tus brazos
la ciudad me guiñaba sus ojos amarillos.

Apostada en tu cuerpo como en ninguna plaza
donde la espuma llega sin más olas,
sin más tiempo que el justo
para saber tu nombre con certeza.
Me regresó la noche
con una ambigüedad sin dirección,
sin esa infantilísima costumbre de color.
Sin ninguna esperanza distinta o asombrada.

Sus ojos eran miles de gestos amarillos.

Nunca supe decirlo con toda exactitud:
las islas –como barcos-
siempre fueron pequeñas promesas esperadas.

Extendida la arena más allá de las costas
yo sostuve en tu cuerpo una formulación de mi pasado.

Nunca supe decirlo:
parecieron fantasmas las luces de la calle
tan cerca de mi forma de estar sola.



-II-

“Ha viajado mucho –dijo el señor Herbert- lleva detrás la flora de todos los mares del mundo”
(G.G. Márquez)

Porque hemos derivado a las aceras
con esa compostura de la tarde
y las orejas sucias de una historia.

Yo moriré de alguna forma hermosa.

Al pie de algunas ruinas devastadas
a la orilla del mar, seguramente.
Moriré despeinada en unas rocas
-pobre barquilla mía-
con los vientos de un sur desmantelado.

Naufragada hacia un puerto sin gaviotas.
Turbia toda la mar y este designio
profundamente azul de mi camino.

Yo moriré cansada de la muerte,
herida como el viaje de una pluma
y este amor a destajo de mi vida.

Moriré en esta cala de sirenas
-las únicas sirenas de este tiempo,
amor, -
amenazada a muerte de cristales
solos en esta cala sin sentido
con esta soledad amarilla y extraña.

Los minutos contados siempre en venta
los llevaré conmigo donde vaya.
Tu prisa
amor,
toda la noche allá donde me vaya la llevaré conmigo.

Me moriré de alguna forma hermosa.

Desconocida,
lejos,
donde nadie querrá saber mi nombre.

Donde alguno improvise mi epitafio.



SUBASTA EN MI VENTANA

Hoy
que es uno de esos días
en que la voz del río no cesa de llamarme
y el agua se adelanta
como si fuese el tiempo que no tengo,
tampoco estás aquí.

Pero cruzan la calle caravanas de cuerpos
y no son como el tuyo
que me dejó en la boca la herida de la tarde.

La tuya es una duda sin rastro de cinturas.

Oculta en las aceras como los peatones,
como el sentido de tus noches solo.

Yo vuelvo del mercado
y no tengo una excusa para cerrar la puerta.



TE PARECES A MÍ CUANDO AMANEZCO

Me levanto descalza entre la ropa,
desdoblo mis vestidos con cuidado,
busco bajo las sillas algo tuyo,
espero a que mi casa se llene de autobuses,
me dirás que el rocío no llega al quinto piso
pero abro la ventana,
trato de recordar alguna cosa,
reconozco mi rostro en el espejo,
me propongo leer a Pasolini
y no perder el tiempo demasiado
ensayando la cara que pondré
cuando te encuentre,
escucho los murmullos que llegan de la calle,
aparto las botellas que dejaste en el suelo,
descubro en los cristales un mensaje,
recojo las cortinas con una cinta roja,
me salgo de la noche
dando
saltos.



“A lo mejor soy otros
y es de otros este amor”
(J.A. García Sánchez)

A lo mejor soy otros
y por eso te quiero como si me extrañara,
a veces con un hábito de esperanza en los puertos,
o desolada a veces sin un barco.
A lo mejor soy otros
cuando te vas quedando diminuto en palabras
y no me necesitas;
es posible que entonces anochezcan las horas
y me acerque a tus labios muy a gatas, mi amor,
como para buscarme en tu silencio.
A lo mejor soy otros
cuando me quedo a solas con tus ojos
que son miles de agujas trepando desde el sur
y parto soleando por toda la ciudad.
A lo mejor soy otros
y por eso te olvido sobre el atardecer
para reconciliarme con el alba
más hecha al horizonte y a tu cuerpo
y decir que te quiero como si se acabara,
casi violentamente que te quiero.
A lo mejor soy otros
y es de otros el gesto que creyera tan mío,
tu boca de ginebra
intransferible
y es de otros este amor.



SI LLEGAS TAN SIN SABER DE NADA

Si llegas tan sin saber de nada,
sin decirme palabras
ni letras,
tan de prisa,
tan enjuto de todo...

y yo te necesito tan delgado y tan solo.

Si te quedas –demonios-
tan cerca del lugar donde siento la noche,
casi como una ausencia,
con una estratagema de soledad perfecta,
deliberadamente...

y yo te necesito tan solo y tan moreno.

Si dices que las calles no estaban en su sitio,
que mi boca,
las tardes sin ventanas,
que mi boca,
si dices, amor
si dices...

y te vas alejando en la estación más húmeda.



QUIZÁ

Quizá
en estas horas tan altas de la noche
te beberás un cuerpo sin mi nombre
con premeditación
y mucho hielo.

Quién sabe si a estas horas obscenísimas,
raras,
de tan sola tu piel
recompondrá una lengua con mi tacto,
si tú –mi dulce amigo-
amontonas excusas con un gesto asombrado
sobre alguna derrota cotidiana.

O simplemente duermes
sin haberme pensado un solo instante.


ERES COMO UN MUCHACHO DE LA CALLE

A Miguelito

Sin palabras estás
sin gestos en la boca
que te hicieran feliz con mi presencia.
Moreno como el mar
sin labios como ríos
sin whisky ni bombones para mí.

Yo dejo una esperanza en tu bolsillo.


UN EQUIPAJE DEMASIADO AJENO

Hubiéramos querido derrocharnos,
perplejos,
con toda la pereza que nos hubiera permitido el tiempo.

Era ya mediodía,
ceniceros tibantes
de algún presagio a mares en el cuerpo
y el color de las tardes infantiles y tristes
sorprendido en los rastros que surcara el cansancio.

Pero estaban allí
las tumbas milenarias de tus antepasados,
la amargura espontánea del siglo en que naciste,
la soledad extrema de tu generación.

Encontramos de bruces
la imperiosa respuesta del amor.

No fue sólo el deseo
sino la inesperada longitud del mar aquel
o quizá las caricias, tan extrañas,
algunos besos doloridos y grandes
con un sabor insospechado de amapolas.

Estábamos tan tristes
que el horizonte pareció de nieve,
tan fatigados
que dejamos la luna
sobre una gran bandada de gorriones.

Y sin embargo,
llegaron otros que hicieron el amor innumerables veces,

batiendo alas, su rumor de besos.



ESTRATEGIA


A Juan Carlos Rodríguez y Angeles Mora, maestros,
gente siempre en el corazón.


Como si te escondieras
de golpe
en su chaqueta
-una chaqueta azul como tu vida-
y te fueses dichosa alguna tarde.

Como si se llevase tu tiempo en las pestañas
y te quedases sola en tanta noche
mirándolo marchar.

(Hablábamos de ti sin conocerte aún.
Decíamos que el mar nunca estuvo tan lejos,
que la luna menguante dejaba mala espina.)

Como si tú llevases cosido el corazón
y rasgaras la noche sin más explicaciones
con su nombre en los dientes.

(Qué fuerza de claveles
rojos y nostalgia
de lámpara de gas sobre el pelo negrísimo,
de luna en la estación.

Buscábamos las dos algo barato
para pasar la tarde como niñas.)

Como si te escondieras
de golpe
en su chaqueta.



EL AGUA ES GRATIS PARA LOS TRISTES


Hoy han pasado todos por el puente
tristes porque llueve
Por el puente
algunos felices con capazos y escobas
porque tienen casa
y jefe
y pan
Por el puente
algunos felices con raquetas y caballos
porque tienen miedo
y agua
y casa
Y otros felices con carteras y plumas
porque tienen máquinas
y casa
y silencio
Y otros felices con hijos y mujeres
porque tienen casa
y zapatillas
y televisión
Por el puente han pasado algunos
que tienen hasta coche
y pan
y casa
y tienen hijos
y armas
y coche
Por el puente han pasado todos tristes
porque llueve
Elaguaesgratisparalostristes
y una señora me cambia mi paraguas por su casa

¡Ya tengo miedo
y pan
y casa!
Y aquella dama
triste
se ahoga
por el puente.

Ella me enseñó a bordar
y a protestar,
a ella
tan pequeña y tan sabia
dedico este libro

A mi abuela. In memoriam.

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