28 abril 2013

Eros, justicia e historia del III Reich

El lectorEl lector por Bernhard Schlink
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Un alemán nacido casi al final de la Segunda Guerra Mundial y criado en la República Federal, choca con el pasado nazi de una manera tan directa e íntima que le socava su fe en la justicia institucional y le hace dudar de todas sus propias relaciones y capacidad para juzgar. Cuando ya es un joven adulto y estudiante de derecho, reencuentra a la mujer, 20 años mayor que él, con que había tenido su primer y único gran amor a los 15 años, de una manera que le provoca náusea. Ella, Hanna Schmitz, es ahora rea en un proceso por haber sido guardiana de un campo de concentración de la SS, acusada de las muertes de muchas mujeres prisioneras. ¿Cómo es realmente esa persona que él amó? ¿Fue la más cruel de las guardianas, como las otras acusadas pretenden, o solo una más? ¿O quizás la más misericordiosa, en unas complicadas y cruelísimas circunstancias? En el juicio, Hanna confiesa a todo de lo que se le acusa, incluyendo ser la autora de un parte que la incrimina — pero Michael, observando el juicio como estudiante, sabe que que no puede ser cierto, y que Hanna Schmitz tendrá otro motivo secreto, pero vergonzoso sóla para ella, por no defenderse.
Es una historia triste y sutil, que nos hace reparar en la imposibilidad para una generación entender o culpar a otra, pero también la imposibilidad de separarnos de esa historia. En un momento Michael, ya convertido en historiador del derecho, reflexiona así sobre toda esta experiencia (p. 170):
No es cierto, como pueden pensar quizá los que ven el asunto desde fuera, que ante el pasado tengamos que limitarnos a observar, sin participar, como hacemos en el presente. Ser historiador significa tender puentes entre el pasado y el presente, observar ambas orillas y tomar parte activa en ambas. Una de mis áreas de investigación era el Derecho en la época del Tercer Reich, y ahí se aprecia con especial claridad cómo el pasado y el presente se funden en una sola realidad vital. Ahí, la manera de huir no consiste en buscarle vueltas al pasado, sino justamente en concentrarse sólo en un presente y un futuro ciegos a la herencia del pasado, de la que estamos empapados y con la que tenemos que vivir.

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