29 abril 2012

Espacio Luke. El pensamiento infinito

Nos parece muy acertada esta percepción, del poeta Emilio Varela Froján. Podría ser una descripción de los discursos políticos respecto a nuestra mal llamada "crisis" en España (u otros países).

Espacio Luke. Emilio Varela Froján. La máscara y el canto XIX. Las fuentes de arena: III

Todo pensamiento es infinito.
No en extensión, sino en
vueltas a la órbita de su centro.

26 abril 2012

Saludos a Jooble

Alessio Rosaledo, responsable de Jooble en paises hispanohablantes, me ha dicho cosas tan bonitas sobre este blog que no puedo menos que mencionar su sitio aquí. No sé nada más sobre Jooble, pero bienvenida cualquier cosa que nos ayuda a superar esta mal llamada "crisis" (no hay "crisis" que dura 4 años — esto es una depresión en toda regla, producto de toda una cadena de crisis).
 
Trabajo, Empleos

23 abril 2012

El dios salvaje — el instinto no domado

PanPan by Knut Hamsun
My rating: 3 of 5 stars

No se trata del pan de comer, sino de Pan, el dios salvaje de los bosques, encarnado en el salvaje pero inmensamente atractivo (a las mujeres) teniente Glahn, en esta corta novela de 1894. La primera y más extensa parte de la novela la cuenta el mismo Thomas Glahn, experto tirador de escopeta y gran amante de la naturaleza, que recuerda los muchos animales y las dos mujeres que cazó un verano en el norte de Noruega. Inmensamente sensible a la belleza del paisaje, a los sonidos y colores y movimientos de los animales, y hasta a la rocas del entorno, Glahn es completamente insensible a sus propios móviles, moviéndose por un instinto ciego que lo lleva a desmanes a veces absurdos y otras veces mortales. Entre aquellos, arrojar un zapato de la mujer que quiere impresionar al agua, o escupirle en el oído de un noble; entre éstas, provocar una avalancha mortal y asesinar al único ser que lo quiere sin cuestionarlo, su propio perro. Él no se conoce a sí mismo, pero por lo que nos cuenta de las reacciones de otras personas, tenemos la idea de que es una persona muy rara e impredecible. Sólo en las últimas páginas de la novela, cuando escribe otra persona que lo conoce en una expedición de caza en la India, podemos tener una idea de cómo es Glahn físicamente, y cómo y por qué otro hombre podría odiarlo. Lo mejor de esta extraña novela son las descripciones de lugares y de la naturaleza, que es otro personaje más.

Hamsun (1859-1952) recibió el Premio Nobel de Literatura en 1920, por esta y otras obras. Luego cayó en desgracia por su entusiasta apoyo al gobierno de Vidkun Quisling, colaboracionista con los invasores nazis, en los años 1940, cuando él ya tenía más de 80 años. Pero creo que sería un error leer en esta temprana novela un claro anticipo de ese tardío nazismo. Las ideas panteistas y la adoración de los espíritus de la naturaleza estaban muy de moda cuando escribió Pan y después (Nietzsche, D.H. Lawrence y muchos otros), y no tenían porque terminar en semejante desvarío. Leamos el libro por lo que representaba en su momento, y no por lo que hizo su autor en su vejez.

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17 abril 2012

Ser español no es nada fácil

Nuestro amigo Tomás Martínez nos ha permitido reproducir esta interesante reflexión que escribió para la web argentina Desde Boedo. Creemos que será de interés para todos nuestros amigos españoles y argentinos en estos momentos de tensión.

Ser español no es nada fácil.
Creíamos que después de muchos años de carencias, luchas y trabajo bien hecho, habíamos logrado dejar atrás un pasado que a toda prisa queríamos olvidar para siempre. Ahora ya no éramos ese pueblo sacrificado que durante siglos tuvo que buscar el pan y la libertad emigrando a países donde encontrar un futuro que España nos negaba. Ahora, por fin, habíamos conseguido prosperidad y democracia para nosotros y para los que no eran en sus tierras tan afortunados como los españoles.
Hemos vivido con la seguridad de que nuestras conquistas económicas, sociales y políticas eran sólidas e irreversibles. Lo habíamos deseado tanto, que nada nos hacía pensar que todo o parte fuera un espejismo, que tal vez pudiera peligrar como un castillo de naipes. Estábamos en la cresta de la ola y sabíamos manejar la situación. Con un narcisismo al que no estábamos acostumbrados, nos sentíamos la envidia del mundo, los protagonistas de una superproducción de Hollywood.
De pronto comenzaron a escucharse trompetas que  anunciaban crisis en la primera potencia mundial, en sus gigantes económicos, en su sistema financiero. Pero, ¿qué podía pasarnos a nosotros? Evidentemente nada. Teníamos una posición segura, a salvo de cualquier peligro. Nada que temer: Nuestros Bancos eran los más sólidos, nuestras precauciones financieras habían sido las mejores, los riesgos eran para otros menos listos.
Y, poco a poco, fuimos sintiendo algunos síntomas de enfermedad: las entidades bancarias nos habían vendido humo camuflado de valores incuestionables; el sector de la construcción se tambaleaba, después de haber sido el motor de la economía, implicando, de cerca o de lejos, a toda la población; el desempleo inició un  crecimiento imparable hasta cifras millonarias; las empresas comerciales, industriales, de servicios y sobre todo las relacionadas con la construcción entraron en crisis, con abundantes cierres. ¡Hasta el turismo tenía un descenso más que preocupante! Nos frotábamos los ojos. A nosotros no podía pasarnos eso. Era un mal sueño.
De repente empezamos a sospechar que la realidad era algo, bastante, demasiado diferente a lo que nos habían hecho creer, de lo que nos habíamos dejado hacer creer, de lo que habíamos querido creer. De pronto supimos que, una vez más, nos tocaba “bailar con la más fea”, nos correspondía, como siempre, asumir las culpas de otros... de los de siempre, de los que toda la vida habían decidido cómo, cuándo y cuanto teníamos que pagar por nuestra ingenuidad.
Enseguida “empezamos a ver claro”: La culpa era del gobierno que, contradiciendo lo que había prometido, lo que nos había hecho esperar de él, comenzó a cargar todo el peso sobre las espaldas de los más desprotegidos. También “aprendimos” que los mercados, los sacrosantos mercados, nos castigaban por nuestros excesos como dilapidadores compulsivos.  
Todo tiene solución, pensamos: Se cambia  democráticamente el gobierno, vienen “los otros”, los que dicen que ellos tienen el secreto de lo que hay que hacer, que son totalmente confiables, que con ellos acabarán nuestros sufrimientos... Y ya está todo en orden, se acabará el desempleo, los mercados nos aplaudirán, volverá la tranquilidad y la dicha.
Llegaron. Así lo quisieron las urnas. Sabían lo que querían hacer. Este pueblo ha empezado a saberlo. A conocer el duro porvenir que le espera. Promesas para conseguir el poder y después de conseguido, nada de lo prometido.
¿Qué piensan ahora los españoles de forma mayoritaria? La valoración del presente tiene cada vez tonos más oscuros. Veamos:                                        
Los Presupuestos del Estado ahora presentados están hechos al dictado de la Unión Europea manejada por Alemania y el FMI y tienen como supremo objetivo la reducción del déficit de forma salvaje y sin espacio para el crecimiento económico y las políticas de empleo. Son un suicidio presupuestario, con recortes en todos los conceptos primordiales. Se salva la Monarquía, con un mínimo, ridículo recorte y la Iglesia Católica, que tiene íntegras las partidas que recibe e intactas las exenciones y demás ventajas fiscales.                                                                                                     
Se está desmontando a toda prisa el Estado del Bienestar. Los recortes en sanidad y educación, en dependencia y desempleo, en pensiones y becas, van a dañar irreparablemente los logros conseguidos después de tantos años de lucha.                                                                                          
La reforma laboral de nuevo cuño acabará con la paz social que hemos disfrutado porque abre la puerta al despido libre, a las indemnizaciones insuficientes, a la pérdida de equidad en las relaciones laborales, a las nulas garantías para el trabajador.                                                            
Todo hace temer que la injusticia fiscal se profundice, se protejan los intereses de los más privilegiados y no se persiga eficazmente el fraude. Se ha anunciado una amnistía fiscal impresentable, vergonzosa, que premia a los defraudadores y deja en ridículo a los que han aportado de forma automática, con forzada garantía de legalidad.
La desesperanza, la incertidumbre y también el terror están calando hondo en los españoles, que han dejado de creer en sus instituciones y en sus dirigentes. La indignación crece, pero un cierto sentimiento de resignación paraliza la acción y por el momento no se está articulando debidamente el legítimo rechazo a esta política tan sumisa con los poderes fácticos y tan implacable con los menos afortunados. 
Ante la complicidad y el mal hacer de los medios de comunicación, la inoperancia de la justicia, ciega con la corrupción, sorda ante las legítimas demandas de reparación de la memoria y muda cuando debería impartir su magisterio, no es de extrañar que este pueblo vuelva a sentirse rehén de los dejaron su destino “atado y bien atado*”  
¡Que difícil es ser español!                      
* Franco dijo: “Todo queda atado y bien atado” (como recuerdan muchos españoles hasta hoy)

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