05 febrero 2012

Bauman: pesimismo y optimismo en un mundo líquido

photo de Z. Bauman: Olivier Roller
Daños colaterales. Desigualdades sociales en la era global by Zygmunt Bauman

My rating: 4 of 5 stars


Los 11 ensayos recopilados aquí muestran la amplitud de intereses y preocupaciones del celebrado sociólogo polaco, y también los variados recursos culturales, especialmente las referencias literarias, que sabe invocar para ejemplificar las situaciones que analiza. La idea quizás más conocida de Bauman, y la premisa de gran parte de su análisis, es que el mundo ha entrado un estado "líquido", donde nada parece estar fijo o estable, y por lo tanto ya no sirven las teorías desarrolladas para las sociedades "sólidas" cuando se creían que los fundamentos sociales eran eternos. La "liquidez" se manifiesta en los cambios incesantes y rapidísimos de tecnología, la súbita aparición, crecimiento y desaparición de empresas, las inesperadas vulnerabilidades de estados supuestamente potentes (ante el terrorismo, los mercados financieros, los tsunamis y otros desastres "naturales", sus propias rebeliones internas, etc.), y la precariedad económica de los que antes se consideraban "clase media" en todas partes del mundo. Antes, especialmente antes de la Segunda Guerra Mundial, se creía en un mundo "sólido", en que "plus ça change, plus c'est la même chose", o sea, aunque se cambien muchas cosas la naturaleza de esas cosas seguirá siempre igual: Siempre habría algunos que mandan y otros que no tienen más remedio que obedecer, siempre habría un estado que se impone sobre otros (aun si ese poder pasa de un estado a otro), etc. Para mí, el ejemplo más dramático y claro de esta transformación, y el ensayo quizás más brillante de todo el libro, es el "Réquiem para el comunismo". Con conceptos como "dictadura del proletariado", los comunistas asumían que siempre habría un "proletariado" coherente y con intereses comunes, y tanto los comunistas como sus enemigos los liberales estaban convencidos de que sería posible superar todos los conflictos humanos y construir una sociedad justa y estable resolviendo un problema social tras otro: la educación, la salud, etc.  Empezaron con enorme entusiasmo para crear ese mundo justo; la tragedia del comunismo es que no supo o no quiso cambiar su teoría o su práctica aún cuando ya era evidente que los costes sociales (y hasta económicos) de forzar conformidad con sus planes para "mejoras" eran insostenibles, que el "proletariado" imaginado no era una masa homogénea que se dejaría pastorear, y que los conflictos sociales no desaparecen para siempre porque se han sufocado algunos.

El otro ensayo que me impactó especialmente era su "Historia natural de la maldad". Nuestra humana capacidad para infligir sufrimiento es parte de nuestra imborrable naturaleza — no hay nada más humano que la "inhumanidad"; ninguna otra especie practica el genocidio o el terrorismo. Aun las personas más normales y con las mejores intenciones pueden cometer horrores, como el comandante de fuerza aérea británica (la RAF) que mandó bombardear de la inofensiva y no estratégica ciudad de Würzburg en la Segunda Guerra Mundial, solamente porque le sobraban bombas y le faltaban blancos convenientes.

Bauman presenta mucho de lo que Gramsci solía llamar "el pesimismo del intelecto", pero muy poco del "optimismo de la voluntad" — o sea, la idea que siempre hay manera de luchar contra los males. Solo en el ensayo final, un discurso que presentó a un congreso de sociólogos en 2010, se le escapa algo de ese tipo de optimismo. Ahí dice, y toda su obra en su larga vida profesional lo demuestra, que una nueva forma de concebir la sociología, sirviendo a los más vulnerables y necesitados y concebida como diálogo con ellos y no como ciencia que los laicos jamás comprenderán, hará posible superar el miedo y sentido de impotencia para resistir la maldad y el infortunio.



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