21 julio 2007

Las malas palabras

En una de sus últimas presentaciones en público, el humorista filosófico Roberto Fontanarrosa se preguntó, "¿Qué son las malas palabras? ¿Por qué son malas? ¿Es que pegan a las otras palabras?" (ver video de él en el III Congreso Internacional de la Lengua Española, en 2004). Gracias, Roberto, por estimular las neuronas cerebrales mientras, como Inodoro Pereyra y su perrito (arriba), tomamos un buen mate. Aquí va una posible respuesta a tu pregunta, por tu servidor Baltasar Lotroyo.

Las malas palabras andan por ahí.
Malas de verdad, ladronas y hasta matonas.

No me refiero a las palabras humildes y proletarias
como chocha, concha, coño, polla, verga, bicho (según el país),
güevos, papaya, pendejo,
follar, coger, meter, joder, tirar,
cagar u obrar.

Esas no son malas, son meramente pobres, y si a veces irritan
es porque son honestas.
Hacen su trabajo
como cualquier herramienta simple.
Y como cualquier herramienta,
un martillo o una hacha por ejemplo,
pueden herir.

Son otras las palabras malas,
las que secuestran el discurso
para hacerse acompañar de otras palabras
más vistosas pero ingenuas.

Tan ingenuas son a veces las palabras Libertad, Justicia, Lealtad, y hasta Familia,
que a pesar de que tengan vocación de ser buenas
se sienten halagadas
cuando las abrazan para no soltarlas
las palabras excluyentes como Nación, Patria, Fe, Honor, Casta, Raza y Dios.

Forman concubinatos, cuyos hijos no son palabras
sino cosas reales. Una de ellas se llama "Guantánamo".

Al negro Fontanarrosa, Fabio lo recuerda así.

No hay comentarios:

Seguidores

Archivo del blog