11 noviembre 2006

Los santos desconocidos de la guerra civil

Esto lo manda el colega y amigo, novelista y ensayista peruano Eduardo González Viaña, que en estos momentos desempeña en Oviedo (España). Nos parece muy interesante en el contexto de cómo conmemorar esa terrible guerra, cuyas heridas siguen sin sanarse en España. Puedes ver más artículos de Eduardo en el Correo de Salem.
Memoria de España: el cura de Loscorrales

El 22 de diciembre de 1936, José Pascual Duaso, cura de Loscorrales, en Aragón, comenzaba a preparar su pequeña iglesia para las festividades de Navidad. No tenía mucho que ofrecer a los niños porque prácticamente había entregado a los pobres todo lo que tenía. Mientras pensaba qué hacer, se dirigió al corral de la parroquia para ordeñar a su escuálida vaca Jacinta.

Era tiempo de guerra, y los Loscorrales estaba aún más pobre de lo que había sido siempre. Don Pascual había repartido todas sus mantas y ropa de abrigo entre los humildes aldeanos. La leche de Jacinta estaba destinada a los niños. El invierno era crudo, y la guerra había cortado todo abastecimiento. Con el poderoso apoyo de Hitler y las armas más mortíferas de entonces, Franco había invadido España. La república y los españoles se defendían con las uñas.

Don Pascual no pudo llegar al establo. A medio camino, lo detuvo un grupo avanzado de franquistas. En menos de media hora, le hicieron un “juicio” sumario. “No tienes nada en la parroquia porque todo lo has repartido entre los pobres. ¿Y qué vas a hacer ahora con la leche de tu vaca?... Vas a entregarla a los futuros comunistas. Eso significa que no eres sino un ateo comunista.”

Lo cosieron a balazos, y dejaron su cadáver en una zanja con prohibición expresa de inhumarlo en tierra santa. Solamente muchos años después, pasados los días perversos del franquismo, se le pudo poner una lápida.

El hecho viene a nuestra memoria ahora que la Iglesia Católica ha comenzado a canonizar a una serie de sacerdotes españoles de aquella época. El humilde Mosén Pascual no figura entre ellos porque no estaba del lado de Franco. No está tampoco el sacerdote mallorquín Martín Usero que abrió la puerta de la cárcel para que escaparan los vecinos condenados a muerte. Tampoco se hallan los 16 sacerdotes que fueron ejecutados por los fascistas en el país vasco, ni mucho menos los que padecieron martirio en Galicia, en La Rioja, en Castilla y en Baleares, entre otros lugares.

No eran militantes comunistas o anarquistas. No eran obreros. Eran sacerdotes diocesanos, religiosos, religiosas, padres y madres de familia, jóvenes laicos católicos, seguramente comprometidos con su pueblo y coherentes con sus convicciones. Fueron torturados primero. Les vendaron los ojos después y les dispararon quienes habían invadido España para supuestamente salvarla del ateísmo. En nuestro tiempo, sin embargo, las jerarquías eclesiásticas no los recuerdan.

Leo un despacho actual de Zenit, la agencia de prensa del Vaticano. En el mismo se habla de los clérigos españoles canonizados y se dice que desde el 18 de julio de 1936 hasta el primero de abril de 1939 (fecha del triunfo definitivo de Franco) “en la zona republicana se desencadenó la mayor persecución religiosa conocida en la historia desde los tiempos del Imperio Romano.”

El despacho olvida algo. Como lo demuestra una histórica foto tomada en Burgos al día siguiente del golpe de estado, las altas jerarquías católicas se pusieron de inmediato al lado de los invasores de España. Para ello, alegaron que la causa de Hitler y de Franco era una cruzada en nombre de Dios.

Las propiedades eclesiásticas invadidas son consecuencia de ello. El pueblo reaccionó con la violencia de los débiles contra los invasores y contra sus aliados. Además, cuando los soldados musulmanes de Franco se lanzaban a decapitar a todo el que encontraban a su paso, bien difícil es que creyeran cristianos a los clérigos que iban a su lado.

Soy un católico practicante y estaba seguro de que la Iglesia de nuestro tiempo había roto con ese oscuro pasado. El despacho de Zenit, sin embargo, es de nuestros días y en él se hace un ataque infortunado contra la España que en 1936 se defendió del fascismo y hoy ha vuelto a la democracia, ha elegido un gobierno socialista y se ha integrado plenamente a la civilizada comunidad europea.

“La mayor persecución religiosa conocida en la historia desde los tiempos del Imperio Romano”, que recuerda Zenit, la desencadenó en el pasado la propia iglesia a través de la Santa Inquisición durante los siglos en que ese “santo” instrumento de la fe enterró vivos o quemó lentamente con leña verde a judíos y a cristianos de otras denominaciones por el crimen de practicar la veneración de Dios en la forma que les enseñaron sus padres.

¿Cristianos mártires? ¿No lo son también los luchadores sociales? ¿Los que son ejecutados sin juicio o padecen largas carcelerías por el delito de haber intentado edificar una utopía socialista? ¿No es Jesús y la mayor parte de su mensaje evangélico, una crítica del rico y poderoso y un mensaje de servicio a los pobres?

Para ver las fosas comunes, hacer clic en: Fosas de Oviedo

¿Y el cura de Loscorrales? ¿Y los sacerdotes acuchillados por los franquistas? ¿Por qué no figuran en la relación de nuevos santos españoles? ¿Simple olvido?... No, exactamente. Nada más ocurre que El Vaticano hoy no considera mártires a los cristianos que marcharon al patíbulo por defender la paz y la justicia social, sino a aquellos que estuvieron del otro lado, junto al piquete de los ejecutores.

Queridos lectores: Los invito a visitar mi novela EL CORRIDO DE DANTE, por Eduardo Gonzalez Viaña. Arte Público Press, University of Houston

No hay comentarios:

Seguidores

Archivo del blog