25 febrero 2005

De vuelta a casa

Hoy inauguro este weblog, compañero del que mantengo en inglés desde 2002. Aquí pondré las notas que puedan interesar a mis amigos, actuales o en potencia, de habla hispana. Abajo he puesto algunas que primero aparecieron en mi Literature & Society, en estos dos meses pasados cuando estábamos en Carboneras (Almería), España. Mi cómplice y yo dejamos Carboneras ayer muy temprano, como las 8 de la mañana, para conducir hasta el aeropuerto de Almería, para abordar un avión para Londres, para subir a un bus para ir desde Stansted a Heathrow, para esperar algunas horas en ese aeropuerto, volar a JFK y conseguir un taxi para nuestra casa en Nueva York, llegando sobre medianoche (las 24.00). De 8 a 24 serían ya 16 horas, pero tenemos que agregar las 6 horas diferencia (o sea, cuando llegamos a nuestro destino, ya eran las 6 de la mañana siguiente en el lugar donde empezamos). En el avión pude leer un poco más de un libro que me gusta mucho y que comentaré la semana que viene, El desencuentro, de Fernando Schwartz (Premio Planeta 1996). También tuvimos la oportunidad de ver una gran película de 1971, "The Last Picture Show" -- bellísima actuación, no la pierdas.

Parábolas de Jorge Bucay

Estando en la biblioteca de Carboneras (nota infra), yo levanté otro librito (“broli” diríamos en argentino) la semana pasada:

Bucay, Jorge (1999). Cuentos para pensar. Barcelona, Del Nuevo Extremo/RBA Integral.
Parábolas terapéuticas por un psicoterapeuta argentino. Tienen poca gracia como literatura (hay otras versiones anteriores y mejores de casi todas estas fábulas), pero sirven para plantear unas ideas de "Gestalt" (o quizá del sufismo) de una manera muy simple. Parten de "las 3 verdades": (1) “lo que es, es”, que significa también, “yo soy quien soy”, y “Tú… eres quien eres”. (2) “Nada que sea bueno es gratis”. (3) “Nunca hacer lo que no quiero”. El problema filosófico más evidente surge cuando pretende elaborar la verdad 2, diciendo que, si a mí me pasan cosas buenas, "He pagado por ellas, me las merezco." Sin embargo (dice) "la aseveración 'me merezco todo lo que me pasa incluido lo malo' no es necesariamente cierta." Entonces, ¿si un tsunami me arruina la vida, a lo mejor no lo merezco, pero si en cambio nazco en una familia acomodada que me da muchas oportunidades, si lo merezco? Totalmente incoherente. Verdad 3, que uno siempre puede rehusar hacer lo que no quiere, si está dispuesto a pagar el precio (que puede ser muy alto), recuerdo haber leído en Sartre; es una verdad difícil pero muy importante. La que me gusta más es la verdad número 1, también difícil de aceptar a veces.

Una plumita verde, o el erotismo inocente

Entre las hojas de la libretilla que llevo a todas partes, como un fotógrafo su cámara, encuentro una plumita verde y suavecita del desfile el domingo pasado del Carnaval de Águilas, pequeña ciudad en la costa de Murcia. Las primeras de las más de 50 peñas que pasearon el largo de la avenida principal hacia la playa, eran de bailarinas emplumadas que, con sus rumbas y sambas perfectamente coreografiadas, provocaban un gran deseo de desplumarlas – que no pude, pero si conservo una plumita soltada por el ala o posiblemente la cola de alguna de esas apetecibles aves. Después pasaron otras peñas de niñas de 5 o 6 años, también adornadas de plumas y telitas brillantes, imitando los gestos eróticos de sus mayores, después señoras mayores disfrazadas de colegialas imitando la inocencia de las niñitas, y otras muchas payasadas. Unos señoritos con sombreros planos y chalecos negros galoparon con grandes faldas en forma de caballos – y cuando se desvestían de sus caballos, revelaban medias de red y tacos altos de mujer, y se acercaban a las señoras espectadoras para sentarse en sus faldas con gestos obscenos; otra peña de maricas – auténticos o disfrazados como tal, con pantalones, chaquetas y bufandas de color rosa, cantando “Marica yo, marica tú, maricas tooo-dooos!” En otra, muy divertida, bailaban unos hombrecillos pequeñísimos pero con cabezas y sombreros enormes; en realidad, personas de tamaño normal con el cinturón de los pantalones al nivel de las rodillas, la cara pintada en la barriga, y los hombros y brazos escondidos dentro del sombrero. Pero muy favorito – después de las deliciosas bailarinas que quería desplumar -- fue toda una peña de señores grandes, de caras y panzas como para ser ediles del concejo municipal o gerentes de empresa, disfrazados con pintura, falditas y sombrillas como Mary Poppins. Qué bueno tener un día para hacer el ridículo. Supongo que en Águilas, como en otras partes, el resto del año tienen que ser mucho más serios.

Clásicos: "La Celestina"

El diario El País está distribuyendo los "Clásicos de la literatura española" a solamente un euro por libro cuando se compra con el diario los lunes, martes y miércoles. Usted seguramente fue obligado a leerlos en colegio, pero para mí -- que estudié en los EE.UU., donde eran totalmente desconocidos -- son novedades. El primero de la serie era ésta que resumo a continuación:

Rojas, Fernando de (2004). La Celestina (Tragicomedia de Calisto y Melibea). Madrid, Diario El País. Primera edición: Burgos, 1499.
Calisto, para seducir a Melibea, contrata a la vieja alcahueta Celestina, que complica a los criados de Calisto para sacarle la mayor cantidad de plata posible para la empresa. Al final todos mueren por codiciosos o imbéciles: los criados matan a Celestina con tanto escándalo que se matan a sí mismos saltando de una ventana para huir de la policía, y el gentío los remata cortándoles las cabezas; Calisto se cae de cabeza desde una escalera a salir del huerto de Melibea, y ésta -- ante la muerte de su amante y el inminente descubrimiento de su deshonra por sus padres -- se tira de una torre. Es una farsa en 21 actos de puro diálogo, lleno de chistes a costa de la credulidad de los amos y las burradas de sus sirvientes. Al final del Acto Tercero, Celestina conjura al diablo, "triste Plutón", para ayudarla a seducir para Calisto a Melibea, amenazándolo (al diablo) así: "Si no haces con presto movimiento, tendrasme por capital enemiga; heriré con luz tus cárceles tristes y escuras; acusaré cruelmente tus continuas mentiras; apremiaré con mis ásperas palabras tu horrible nombre. Y otra y otra vez te conjuro. Y así, confiando en mi mucho poder, me parto para allá con mi hilado, donde creo te llevo ya envuelto." Fue impreso primero en Burgos en 1499; gran ejercicio en leer el castellano del s. XV.

09 febrero 2005

Escritores y lectores en Carboneras

La semana pasada, ante una audiencia de unas 40 personas en la biblioteca pública de Carboneras, el joven poeta Raúl Quinto leyó de sus dos libros publicados y otro que saldrá el mes que viene. El alcalde Cristóbal Fernández lo presentó, secundado por nuestra bibliotecaria María José Rufete Aznar, en señal del orgullo que tiene el pueblo en este vecino de Carboneras que recién fue galardonado como autor del mejor libro por un poeta joven en Andalucía. Raúl Quinto renuncia la imagen de un poeta como un ser más sensible que los demás, y se presenta como simple artesano que trabaja en eso, la poesía. Un trabajo como cualquier otro, de carpintero por ejemplo, pero en vez de fabricar objetos de madera u hormigón, construye de palabras espacios verbales, donde espera que el lector u oyente pueda experimentar algo nuevo. Para el primer libro, hizo un andamio rígido y rectangular para enmarcar esos espacios verbales. Grietas tiene 24 poemas cortos, uno por cada hora del día, con la idea de las “grietas” en la consciencia cuando la persona (un narrador imaginado, que no necesariamente coincide con el autor) percibe algún olor, o luz, u otra sensación que le rompe la inercia o el ensimismamiento. Empieza con “La Grieta del Alba”:
Despiertan las ventanas o bombillas,
Las heladas alarmas, el sol ciego.

Planeta de sarmientos como carnes
que se uncen la cara en los lavabos
por la inercia del látigo furtivo,
por la vívida imagen de la muerte
en los brillos o lápidas del suelo.

Otra vez, siempre, cíclica miseria
donde el tiempo carece de sentido.
Para el siguiente libro, La Piel del Vigilante, recién premiado, se trazó un marco mucho más flexible. Ahí hace hablar los personajes de un tebeo (españolismo por libro infantil de historietas, o “cómic”) que recuerda de su infancia, pero como los imagina el poeta Raúl (y no necesariamente como los imaginaba el autor del tebeo). Ahora, para el libro que tiene en curso, prescindió de todo andamio o marco visible, para permitirse hablar, poetizar, las cosas más diversas en las voces que le parecen que corresponden. Son cosas bellísimas. Manteneos atentos.

Mientras tanto, en el Club de Lectura que nos reunimos en la biblioteca los lunes ya nos hemos cansado de hablar de El misterio de Velásquez (vea nota de la semana pasada), con su argumento un poco simple para este grupo de adultos (su moraleja: las personas pequeñas pueden hacer cosas grandes – muy bien, ¿y qué?). Así que nos estamos divirtiendo con muchas otras informaciones que Mario Sanz y otros han descubierto sobre la vida y obra de Velásquez – Mario hasta averiguó el verdadero nombre del perro en el cuadro “Las Meninas”, que no era Moisés (como dice la novela) sino León. Y yo levanté otro librito (“broli” diríamos en argentino) la semana pasada:

Bucay, Jorge (1999). Cuentos para pensar. Barcelona, Del Nuevo Extremo/RBA Integral.
Parábolas terapéuticas por un psicoterapeuta argentino. Tienen poca gracia como literatura (hay otras versiones anteriores y mejores de casi todas estas fábulas), pero sirven para plantear unas ideas de "Gestalt" (o quizá del sufismo) de una manera muy simple. Parten de "las 3 verdades": (1) “lo que es, es”, que significa también, “yo soy quien soy”, y “Tú… eres quien eres”. (2) “Nada que sea bueno es gratis”. (3) “Nunca hacer lo que no quiero”. El problema filosófico más evidente surge cuando pretende elaborar la verdad 2, diciendo que, si a mí me pasan cosas buenas, "He pagado por ellas, me las merezco." Sin embargo (dice) "la aseveración 'me merezco todo lo que me pasa incluido lo malo' no es necesariamente cierta." Entonces, ¿si un tsunami me arruina la vida, a lo mejor no lo merezco, pero si en cambio nazco en una familia acomodada que me da muchas oportunidades, si lo merezco? Totalmente incoherente. Verdad 3, que uno siempre puede rehusar hacer lo que no quiere, si está dispuesto a pagar el precio (que puede ser muy alto), recuerdo haber leído en Sartre; es una verdad difícil pero muy importante. La que me gusta más es la verdad número 1, también difícil de aceptar a veces.

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