09 febrero 2005

Escritores y lectores en Carboneras

La semana pasada, ante una audiencia de unas 40 personas en la biblioteca pública de Carboneras, el joven poeta Raúl Quinto leyó de sus dos libros publicados y otro que saldrá el mes que viene. El alcalde Cristóbal Fernández lo presentó, secundado por nuestra bibliotecaria María José Rufete Aznar, en señal del orgullo que tiene el pueblo en este vecino de Carboneras que recién fue galardonado como autor del mejor libro por un poeta joven en Andalucía. Raúl Quinto renuncia la imagen de un poeta como un ser más sensible que los demás, y se presenta como simple artesano que trabaja en eso, la poesía. Un trabajo como cualquier otro, de carpintero por ejemplo, pero en vez de fabricar objetos de madera u hormigón, construye de palabras espacios verbales, donde espera que el lector u oyente pueda experimentar algo nuevo. Para el primer libro, hizo un andamio rígido y rectangular para enmarcar esos espacios verbales. Grietas tiene 24 poemas cortos, uno por cada hora del día, con la idea de las “grietas” en la consciencia cuando la persona (un narrador imaginado, que no necesariamente coincide con el autor) percibe algún olor, o luz, u otra sensación que le rompe la inercia o el ensimismamiento. Empieza con “La Grieta del Alba”:
Despiertan las ventanas o bombillas,
Las heladas alarmas, el sol ciego.

Planeta de sarmientos como carnes
que se uncen la cara en los lavabos
por la inercia del látigo furtivo,
por la vívida imagen de la muerte
en los brillos o lápidas del suelo.

Otra vez, siempre, cíclica miseria
donde el tiempo carece de sentido.
Para el siguiente libro, La Piel del Vigilante, recién premiado, se trazó un marco mucho más flexible. Ahí hace hablar los personajes de un tebeo (españolismo por libro infantil de historietas, o “cómic”) que recuerda de su infancia, pero como los imagina el poeta Raúl (y no necesariamente como los imaginaba el autor del tebeo). Ahora, para el libro que tiene en curso, prescindió de todo andamio o marco visible, para permitirse hablar, poetizar, las cosas más diversas en las voces que le parecen que corresponden. Son cosas bellísimas. Manteneos atentos.

Mientras tanto, en el Club de Lectura que nos reunimos en la biblioteca los lunes ya nos hemos cansado de hablar de El misterio de Velásquez (vea nota de la semana pasada), con su argumento un poco simple para este grupo de adultos (su moraleja: las personas pequeñas pueden hacer cosas grandes – muy bien, ¿y qué?). Así que nos estamos divirtiendo con muchas otras informaciones que Mario Sanz y otros han descubierto sobre la vida y obra de Velásquez – Mario hasta averiguó el verdadero nombre del perro en el cuadro “Las Meninas”, que no era Moisés (como dice la novela) sino León. Y yo levanté otro librito (“broli” diríamos en argentino) la semana pasada:

Bucay, Jorge (1999). Cuentos para pensar. Barcelona, Del Nuevo Extremo/RBA Integral.
Parábolas terapéuticas por un psicoterapeuta argentino. Tienen poca gracia como literatura (hay otras versiones anteriores y mejores de casi todas estas fábulas), pero sirven para plantear unas ideas de "Gestalt" (o quizá del sufismo) de una manera muy simple. Parten de "las 3 verdades": (1) “lo que es, es”, que significa también, “yo soy quien soy”, y “Tú… eres quien eres”. (2) “Nada que sea bueno es gratis”. (3) “Nunca hacer lo que no quiero”. El problema filosófico más evidente surge cuando pretende elaborar la verdad 2, diciendo que, si a mí me pasan cosas buenas, "He pagado por ellas, me las merezco." Sin embargo (dice) "la aseveración 'me merezco todo lo que me pasa incluido lo malo' no es necesariamente cierta." Entonces, ¿si un tsunami me arruina la vida, a lo mejor no lo merezco, pero si en cambio nazco en una familia acomodada que me da muchas oportunidades, si lo merezco? Totalmente incoherente. Verdad 3, que uno siempre puede rehusar hacer lo que no quiere, si está dispuesto a pagar el precio (que puede ser muy alto), recuerdo haber leído en Sartre; es una verdad difícil pero muy importante. La que me gusta más es la verdad número 1, también difícil de aceptar a veces.

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