25 febrero 2005

Una plumita verde, o el erotismo inocente

Entre las hojas de la libretilla que llevo a todas partes, como un fotógrafo su cámara, encuentro una plumita verde y suavecita del desfile el domingo pasado del Carnaval de Águilas, pequeña ciudad en la costa de Murcia. Las primeras de las más de 50 peñas que pasearon el largo de la avenida principal hacia la playa, eran de bailarinas emplumadas que, con sus rumbas y sambas perfectamente coreografiadas, provocaban un gran deseo de desplumarlas – que no pude, pero si conservo una plumita soltada por el ala o posiblemente la cola de alguna de esas apetecibles aves. Después pasaron otras peñas de niñas de 5 o 6 años, también adornadas de plumas y telitas brillantes, imitando los gestos eróticos de sus mayores, después señoras mayores disfrazadas de colegialas imitando la inocencia de las niñitas, y otras muchas payasadas. Unos señoritos con sombreros planos y chalecos negros galoparon con grandes faldas en forma de caballos – y cuando se desvestían de sus caballos, revelaban medias de red y tacos altos de mujer, y se acercaban a las señoras espectadoras para sentarse en sus faldas con gestos obscenos; otra peña de maricas – auténticos o disfrazados como tal, con pantalones, chaquetas y bufandas de color rosa, cantando “Marica yo, marica tú, maricas tooo-dooos!” En otra, muy divertida, bailaban unos hombrecillos pequeñísimos pero con cabezas y sombreros enormes; en realidad, personas de tamaño normal con el cinturón de los pantalones al nivel de las rodillas, la cara pintada en la barriga, y los hombros y brazos escondidos dentro del sombrero. Pero muy favorito – después de las deliciosas bailarinas que quería desplumar -- fue toda una peña de señores grandes, de caras y panzas como para ser ediles del concejo municipal o gerentes de empresa, disfrazados con pintura, falditas y sombrillas como Mary Poppins. Qué bueno tener un día para hacer el ridículo. Supongo que en Águilas, como en otras partes, el resto del año tienen que ser mucho más serios.

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