18 enero 2006

Mágina imaginada


Suena a "magia" e "imagina", por cuánto supuse que era totalmente imaginaria la ciudad de Mágina de que escribe Antonio Muñoz Molina. Pero el nombre de Mágina realmente figura en el mapa de España, no de una ciudad sino de una montaña y su cordillera, la más alta en la provincia de Jaén. Incluso hay un Parque Natural Sierra de Mágina. Y en esa zona hay una ciudad que se parece mucho, muchísimo a la de la novela, pero se llama Úbeda.

Tuve que ver esa zona, y también la vecina sierra jiniense de Cazorla, intrigado por las referencias en El jinete polaco de Muñoz Molina y otra novela, de Salvador Compán, Cuaderno de viaje (Planeta 2000), ambientado en Cazorla en el siglo XIX. Estas dos sierras quedan a sólo pocas horas por carretera de Carboneras, en la costa levantisca de Almería, pero en otro planeta. "La Andalucía profunda", como decía un amigo en Carboneras. El hablar es más pausado, con vocabulario de monte y granja y no de mar, como es la comida (en lugar de pescado y mariscos, más carnes de monte – conejo, ciervo, jabalí -- y de granja, guisados y muchísimo aceite de oliva). En lugar de las olas blancas y azules que miramos frente a Carboneras, entramos un mar de hojas de olivares, ondulantes entre verde oscuro y plata, e imponentes montañas que albergan pueblos de escaso contacto con el exterior, salvo por la televisión apenas inteligible y uno que otro hijo o hija que se escapa al gran mundo, para volver -- sólo de visita -- transformados en forasteros demasiado impacientes para respetar las verdades milenarias de las montañas.

O así los imagino, porque así es el protagonista central de El jinete polaco (Premio Planeta 1991), un hijo del pueblo autotransformado en forastero. A continuación mi resumen:

Un hombre que se ha hecho intérprete de otras lenguas y ha rehuido de sus orígenes en la remota ciudad de Mágina en Jaén, donde nació en una familia campesina en 1956, reconstruye la historia de su ciudad y se resitúa en ella a través de los testimonios de conciudadanos, un archivo de fotos, y el encuentro inesperado y apasionado con la hija del que fue una figura clave en esa historia. Esa persona, el Comandante Galaz, fue tan audaz y decisivo como el protagonista es tímido y vacilante -- tomó la decisión determinante que mantuvo esa ciudad leal a la República -- pero guardó entre sus efectos personales una copia de la pintura "El jinete polaco" de Rembrandt, que quizás para él, como para el narrador, representaba la soledad digna y el distanciamiento de una ciudad que defendía. Fundamentalmente trata de la abrupta transición histórica de España y la casi imposible comunicación entre las generaciones de antes y después de la Guerra Civil. Está llena de pasajes descriptivos muy vívidos de los diferentes momentos de esa transición. La historia se desarrolla en la mente del intérprete, Manuel, en oraciones larguísimas donde muchas veces es difícil saber quién está hablando o en que país o momento histórico estamos, lo que dificulta mucho la lectura, especialmente de las primeras 100 páginas, antes de que llegamos a reconocer a los personajes nombrados por repetidas menciones. Hay muchas partes bellísimas y conmovedoras -- el doloroso y aterrido parto del protagonista es una de ellas -- pero la conclusión es bastante débil, porque nos recuerda la exasperante pasividad del que ha contado la historia: el protagonista / narrador está aguardando con una bellaquería desesperada que una mujer venga para arreglarle la vida.

Para más sobre Antonio Muñoz Molina


Arriba: La Sierra de Mágina vista desde Redonda Miradores en Úbeda.

2 comentarios:

maherencia dijo...

Hola, he encontrado este texto, buscando "parto el jinete polaco" en Google.

Me alegra ver que compartimos gusto por esta novela. Además me has abierto los ojos en algunos aspectos.

Gracias ;)

gef dijo...

Muchas gracias por tu comentario. Es bueno saber que estos pensamientos hayan llegado a alguien que sepa aprovecharlos. Daré un vistazo a tu blog, si lo tienes.

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