27 agosto 2005

Carlos Fuentes, Las buenas conciencias

Ayer nos llegó la triste noticia de la muerte de la hija de Carlos Fuentes y Silvia Lemus, Natacha, que tenía sólo 29 años. Ya en 1999 se les había muerto el único otro hijo, el joven poeta Carlos Fuentes Lemus. Mi pésame al matrimonio. Me siento como conozco al hombre personalmente, y en cierto sentido es cierto, porque lo conozco a través de lo más íntimo de su alma que ha podido revelar en sus novelas. Anoche terminé de leer esta:

Fuentes, Carlos. 1959. Las buenas conciencias. México, D.F.: Fondo de Cultura Económica.

Las "buenas conciencias" -- o sea, la hipocresía y la autocomplacencia de la burguesía provinciana -- triunfan sobre la juvenil rebeldía de un muchacho idealista en Guanajuato, c. 1946. Fuentes se permite entrar en las cabezas no sólo del muchacho conflictuado, Jaime Ceballos, sino también en las de la gente que lo oprime y lo sofoca (sus tíos, que lo están criando), las dos personas fuera de su círculo social que le muestran otras posibilidades, y del pobre cura Obregón, que resulta ser un hombre más inteligente y complejo de lo esperado. Hay descripciones bellísimas de Guanajuato, de las pasiones y frustraciones de esos burgueses, y de cómo pasa el tiempo en una ciudad de provincia -- como en el capítulo 4, que empieza "Cada año de la vida…" Al final, es un estudio sociológico de un caso inventado pero realista, triste y muy creible y, en muchos momentos, muy conmovedor.

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