24 julio 2007

Regalo de cumple

Como sabían sólo algunos pocos amigos y familiares, hoy 24 de julio no es solamente el cumpleaños número 124 del Libertador Simón Bolívar, sino también el número 44 mío. El amigo poeta, cuentista y farero Mario Sanz ha enviado este hermoso y cariñoso regalo, que quiero compartir con todos.

A BALTASAR LOTROYO

Desdoblamiento bipolar del yo,
gemelo a contratiempo y a contra tierra,
nacido cuando miraste hacia abajo,
cuando plegando el mapa de América
te caíste de Chicago y aterrizaste en Venezuela.
Aventurero atrevido, que siendo zorro del norte
quiso verse como el mago rey negro
en el espejo agrietado y difuso del sur.

Sombra del norteamericano que se hizo panamericano
y camina y siente toda la piel de América en su nueva piel.
Joven Baltasar que apoyado en tu Torre
y en tu Fuente Fidedigna, das el salto a Europa,
más exactamente a esta esquinita de Europa
que se vierte al Mediterráneo.

Quizás aquí, al mellizo pequeño de Geoff
pueda salirle otro mellizo a destiempo,
y que en vez de dos seáis tres,
y que esta luz de faro te rebautice, por el rito ateo,
como Antonio, Andrés, Juan o Simón;
y te renueve, y te rejuvenezca otra vez
y te eleve al parnaso de los sin tiempo, al olimpo de los viajeros,
al pequeño y enigmático mundo de los carboneros.


Mario Sanz
24/07/2007

21 julio 2007

Las malas palabras

En una de sus últimas presentaciones en público, el humorista filosófico Roberto Fontanarrosa se preguntó, "¿Qué son las malas palabras? ¿Por qué son malas? ¿Es que pegan a las otras palabras?" (ver video de él en el III Congreso Internacional de la Lengua Española, en 2004). Gracias, Roberto, por estimular las neuronas cerebrales mientras, como Inodoro Pereyra y su perrito (arriba), tomamos un buen mate. Aquí va una posible respuesta a tu pregunta, por tu servidor Baltasar Lotroyo.

Las malas palabras andan por ahí.
Malas de verdad, ladronas y hasta matonas.

No me refiero a las palabras humildes y proletarias
como chocha, concha, coño, polla, verga, bicho (según el país),
güevos, papaya, pendejo,
follar, coger, meter, joder, tirar,
cagar u obrar.

Esas no son malas, son meramente pobres, y si a veces irritan
es porque son honestas.
Hacen su trabajo
como cualquier herramienta simple.
Y como cualquier herramienta,
un martillo o una hacha por ejemplo,
pueden herir.

Son otras las palabras malas,
las que secuestran el discurso
para hacerse acompañar de otras palabras
más vistosas pero ingenuas.

Tan ingenuas son a veces las palabras Libertad, Justicia, Lealtad, y hasta Familia,
que a pesar de que tengan vocación de ser buenas
se sienten halagadas
cuando las abrazan para no soltarlas
las palabras excluyentes como Nación, Patria, Fe, Honor, Casta, Raza y Dios.

Forman concubinatos, cuyos hijos no son palabras
sino cosas reales. Una de ellas se llama "Guantánamo".

Al negro Fontanarrosa, Fabio lo recuerda así.

20 julio 2007

Cuando Granada perdió a sus moros

La lectura de El segundo hijo del mercader de sedas (Ediciones Ubago, 1995. 7 ed. Granada: Comares, S. L., 2003), del abogado laborista Felipe Romero, te lleva por todas las calles, plazas y cerros notables de Granada de principios del s. XVII. Fue cuando finalmente expulsaron a los moros que habían sido vencidos ya hacía un siglo, hecho que (según esta narrativa) sumió la otrora espléndida ciudad en la miseria. Como dice el mercader de sedas a su segundo hijo en víspera de la expulsión,
sin ellos a esta ciudad se la comería la miseria y que su ruina duraría por siglos. Sus campos quedarían abandonados, sus ganados sin pastores, las fraguas sin herreros, sin posibilidad de construir nuevas iglesias por la carencia de alarifes, las maderas se pudrirían en los cobertizos al no haber quien las tallase, las huertas de la Vega sin buenos hortelanos que sepan llevar el agua por acequias y atarjeas, y los tejedores, los tintoreros, los tundidores, expulsados de la ciudad en la que ya no habría ni lana ni seda.
Para animar esta nostalgia por la ciudad que era, Romero ha inventado un cronista que une en su sangre las grandes corrientes históricas: "Soy el segundo hijo del mercader de sedas Esteban Lomellino; mi nombre es Alonso de Granada... y descendiente, por mi madre, de la princesa Cetimeriem y de Yahya al Nayyar, hermano del que fue rey y señor de la Alhambra Muley-Hacen…"

Alonso de Granada Lomellino, estudiando para sacerdote (porque su padre quiere que llegue a ser obispo, o por lo menos, santo), se hace discípulo de otro Alonso, Alonso del Castillo, el viejo médico y traductor de árabe, hebreo y latín, que ha impresionado sobradamente al arzobispo de Granada con sus traducciónes de antiguos libros de plomo, escritos en árabe y contando la vida y milagros de san Cecilio, un compañero de Cristo que llegó a ser martirizado en Granada. Al joven Alonso le enseña leer árabe, y más importante, la tolerancia por todas las religiones que, según Alonso del Castillo, adoran al mismo dios.

Pero el viejo traductor es en realidad un moro que no ha abjurado el Islam, sino a contrario, ha fabricado y colocado los falsos textos de plomo para convencer a los cristianos a seguir los mandamientos del Corán, como si el supuesto Cecilio (¿otro invento del viejo traductor?) hubiera anticipado por seis siglos lo que escribiría Mahoma (lavarse 5 veces al día y rezar mirando a Meca, etc). Pero se descubre el fraude y entonces la Iglesia y la Corona deciden expulsar hasta el último moro. El joven Alonso, ya canónigo, pierde a su querido maestro y el primer amor de su vida, cuando el viejo Alonso es degollado por su audacia. Ahora el segundo hijo del poderosísimo y riquísimo mercader de sedas desafía a su padre por primera vez en su vida, y rehusa acompañarlo a Italia. Prefiere permanecer en su querida pero muy castigada Granada, como simple fraile -- y su extraña decisión (renunciando las riquezas y poder eclesiásticos que su padre le había arreglado en Italia) combinado con sus nobles orígenes, hacen que tanto los aristócratas como el populacho lo tomen por santo, esperando que haga milagros.

Además de su amor platónico por el viejo falsificador de libros de plomo, el futuro santo Alonso del Amor de Dios tiene dos amores carnales en su larga vida: la primera con una morisca de 13 años (afortunadamente, no le deja descendencia) y, años más tarde, un joven y guapo novicio, Alberto. Pero aparte de eso, pasa casi toda su vida entre un estupor religioso y la hipnótica observación de su paisaje.

Es uno de esos libros que habrán sido mucho más apasionantes escribir que leer. Para un resumen mucho más detallado, por alguien que sí se apasionó por su lectura (a diferencia de su servidor), y con ilustraciones simpáticas de Granada y sus moros, ve la página de José Lupiáñez.

Y para un poco de historia, LA ESCLAVITUD DE LOS MORISCOS DE GRANADA (S.XVI)

Vidas alternativas - y sus peligros


una vida, otra vida,
la innumerable y castigada
familia de los pobres del mundo.
--Pablo Neruda, Canto General, "Llegan al mar de México"

La Policía abate a tiros a un mendigo que vivía en Barajas tras un enfrentamiento

15 julio 2007

Carboneras

Esta imagen de una carbonera en Cataluña (Salou) parece apoyar nuestra hipótesis, de que el nombre de este pueblo de Carboneras en Almería se deriva de la forma, como una carbonera, del peñón que se yergue sobre su costa (y donde hace siglos se construyó la vigía conocida como "La torre del rayo").

Hay otra hipótesis, en esta nota por "josijo" colgada en El Foro de Carboneras, hablando del siglo xvi: "Habia en este,junto al mar,un sitio donde por la circunstancia de existir montes abundantes en madera,se hicierón unos hornos de carbón, llegando a prosperar tanto la industria que el articulo se expendia a distintos puertos de España, a las poblaciones interiores y aun a la plaza de Oran, promoviendo un trafico considerable;aquel sitio empezo a llamarse, por esto el cabezo de la carbonera,y es el mismo acuyo pie está ahora la villa."

No lo sabemos, pero nos parece improbable que jamás (o por lo menos desde épocas prehistóricas) hubiera tanta madera en esta zona desértica. Suponemos que el nombre "la Carbonera" (aplicado al peñón antes de que hubiera aquí un pueblo) lo dieron los marineros por su forma. Aquí es como se ve "la carbonera" de Carboneras (Almería) desde la playa (si consigo una foto tomada desde el mar, el parecido se notará más):

Cómo construir un cuento, según F.S.

Estoy guardando en mi carpeta de Firefox esta Entrevista a Fernando Sorrentino - Por Javier García Crocco, para consultarla luego, cuando retomo mis proyectos de ficción. Dice muchas cosas que yo también había pensado, y otras que todavía no se me habían ocurrido. Esta observación me llamó especialmente la atención:
Por mis épocas juveniles leí nada menos que cuatro novelas de David Viñas: Los dueños de la tierra, Dar la cara, Cayó sobre su rostro, Un dios cotidiano. Lo cierto es que las leí sin esfuerzo y sé que no me aburrieron. Pero casi no me ha quedado ningún recuerdo de ellas, lo que me hace pensar que invertí una cantidad importante de mi tiempo en leer para el olvido. Naturalmente, Viñas escribe infinitamente mejor que Sábato, que es un prosista bastante torpe. Sin embargo, puedo recordar más episodios de Sábato que de Viñas, y quizás esto tenga que ver, no con las palabras, sino con los hechos narrados. Creo que, a pesar de su torpeza estilística, lo que narra Sábato es mucho más interesante que lo que narra Viñas.

06 julio 2007

† Un vacío repentino

El desplome ayer de la tolva de un silo de carbón en la cementera Holcim de Carboneras segó las vidas de cuatro obreros y dejó malheridos a otros cuatro. Cada uno deja un repentino e inasimilable vacío en este pequeño pueblo, y suponemos que cada uno deja viuda y huérfanos. Uno que era muy amigo nuestro -- y posiblemente otros, porque aún no sabemos los nombres de todos los fallecidos -- ha dejado un vacío a nuestros mismos pies, un abismo donde antes, hasta ayer por la tarde, había una roca.

El "J.M.B.A." en la noticia adjunta era nuestro amigo José, soldador y el marido de nuestra querida amiga, la bibliotecaria del pueblo, María José, y padre de la vivaz y encantadora Sarita, de 7 años. Recordamos a José con Sarita de la mano o, más frecuentemente, vigilando y protegiéndola a una distancia para respetar la enérgica autonomía de la niña mientras ella patinaba o corría. Y lo recordamos con su sobrinito Pablo en los hombros, y su sonrisa y su bondad, una sonrisa algo triste porque añoraba su lejana Galicia. Había llegado a Carboneras hace 10 años para trabajar, y aquí conoció y se casó con María José. Ese hombre, tan fuerte y generoso, apoyaba muy especialmente a María José, que nos apoya a todos los que participamos en los programas culturales que se originan en la biblioteca. Ahora nos toca a nosotros apoyarla a ella. Es un golpe muy duro, una rendija enorme en el tejido de este pequeño pueblo, y un dolor muy particular en nuestra casa.

En estado muy grave uno de los trabajadores de Holcim ingresados en el hospital Torrecárdenas

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