29 enero 2007

Cuentos sobre cómo contar un cuento

Sergio Pitol, Los mejores cuentos. Presentación de Erique Vila-Matas. Barcelona: Editorial Anagrama, 2005.

Cuentos que no son cuentos, o que no cuentan tanto como sugieren, y que se confunden con otros dos géneros de la literatura, el ensayo y el sueño. El mexicano Sergio Pitol es explorador no sólo de geografías externas -- Moscú, Varsovia, Lwów, Bristol son algunos de los lugares donde compuso estos relatos -- sino también de sus propios recuerdos y anhelos y de las posibilidades nunca realizadas. En "Cementerio de tordos", nuestro autor (posiblemente sentado en un café de medio pelo en Roma) nos presenta un escritor sentado en un café de medio pelo en Roma que se imagina un escritor sentado en un café de medio pelo en Roma. Y este escritor inventado por el escritor inventado por Pitol, birome en mano, se pone a hurgar en sus recuerdos más nebulosos para encontrar algún cuento que sea digno de ser leído por sus amigos críticos. "En cierta forma", piensa o escribe ese autor inventado, "se trataría de una investigación sobre la memoria: sus pliegues, sus trampas, sus sorpresas." (p. 154)

En cierta forma, todos los cuentos aquí reunidos son tal investigación. Más concretamente, son investigaciones sobre cómo un narrador usa y transforma la memoria. Si no conoce bien las calles de la ciudad donde quiere situar su historia (lo que ocurre a varios narradores en estos cuentos), puede esquivar el problema hablando nada más de los interiores. Y tambien puede cambiar hombres por mujeres, polacos por australianos, y Madeira por Veracruz, aun sin darse cuenta del trastrueque.

En "Vals de Mefisto" vemos al escritor no desde adentro, como en "Cementerio de tordos", sino desde otro ángulo, el de su redactora y correctora habitual que es también su ex mujer -- que ha convivido con él lo suficiente para reconocer la experiencia real distorsionada y reimaginada en su ficción. En "Nocturno de Bujara", una fábula absurda inventada para impresionar a una mujer de frágil psique trae consecuencias nunca claras pero seguramente trágicas cuando ella trata de hacerla realidad. El último y más reciente relato de la colección, "El oscuro hermano gemelo", empieza y cierra como un ensayo en que Pitol inserta una ficción sobre la historia de una ficción, una conversación con una anciana escandinava en Praga sobre algo acontecido en Madeira que termina unida con otras memorias para transformarse en una historia de mexicanos en Veracruz -- otra exploración más de "la relación de un novelista con su obra en proceso" (p. 242), como en realidad son todas estas piezas.

Pero por toda la confusión deliberada y la nebulosidad, a veces se asoman historias realmente dramáticas que el lector tiene que completar en su propia imaginación, porque Pitol se niega a hacerlo. Lo sugerido puede ser más terrible que lo contado, como en "Cementerio de tordos" -- problemas de clase y casta que contribuyen a lo que puede haber sido un asesinato -- o "Nocturno de Bujara" -- un horrible asalto sospechado pero no demostrado -- y en otros. Total, se puede considerar el libro como una serie de estudios, ejercicios de la imaginación, tan útiles para el narrador practicante como para un guitarrista los estudios de Sor o Tárrega.

Sergio Pitol (Puebla, México, 1933)
Cervantes para Sergio Pitol, BBC Mundo (foto tomada de este sitio)

15 enero 2007

Un héroe de nuestro tiempo | LANACION.com

Para mis amigos profesores en instituto, una carta de simpatía, triste pero también optimista, de Arturo Pérez-Reverte, que sí sabe cómo entusiasmar hasta al chico más distraído y aburrido con la historia antigua. Un héroe de nuestro tiempo | LANACION.com

12 enero 2007

La invención de Bioy Casares

Compré este famoso libro de Adolfo Bioy Casares hace unos días en Buenos Aires, pensando que ya era hora de conocerlo. Para ver mi resumen y comentario, pincha La invención de Morel.

Y para más sobre el libro, ve el artículo en Wikipedia, La invención de Morel

07 enero 2007

¡Zorionak!


Así rezaban los carteles en Bilbao, de donde regresamos ayer, pasando por la T4 (Terminal 4) del aeropuerto de Barajas, Madrid, donde ayer saqué la foto arriba de los escombros del aparcamiento. Zorionak -- "Felicidades" en la lengua euskera del País Vasco. En esos escombros, producto de la bomba que puso ETA el 30 de diciembre, quedaron enterrados los cadáveres de dos hombres ecuatorianos que no tenían nada que ver con las reivindicaciones de ETA, y también las esperanzas de casi todos los españoles incluyendo la mayoría de los vascos de que finalmente podría haber zorionak en ese sufrido país. De todos nosotros que habíamos pensado que el "alto el fuego permanente" que había declarado ETA era e iba a ser realmente permanente.

Pero ¡qué estupidez! Es decir, si realmente lo que ETA quiere es lo que dicen querer, que es un país independiente, gobernado por los vascos (un país que comprendería a 4 provincias de España y 3 de Francia, y con muchísima gente que no lo quiere sino preferirían seguir siendo españoles o franceses). Si la idea fuera ganar mayor autonomía, que lo busquen por las vías legales y democráticas, como han hecho los catalanes! Como dice Iñaki Gabilondo (vasco de San Sebastián, además de respetadísimo periodista español), en un país democrático como es España hoy, y en una región tan próspera como es el País Vasco, nada justifica ni remotamente el régimen de asesinatos, "impuestos revolucionarios" y kale boroka con que ETA infunde el miedo y la parálisis del espíritu dentro y allende sus pagos.

Mañana quizás os cuento otras cosas de nuestra visita a Bilbao, una pequeña ciudad muy hermosa y de gente -- hasta donde puede conocer un visitante de poco tiempo -- encantadora y acogedora. Les deseo mucho zorionak, aunque veo difícil que lo consigan pronto, ya que ETA ha retomado las acciones que han sido tan desastrosas por 47 años.

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